Spam

Lately, spam has clogged my inbox: random jokes, web trash, poorly told stories, psychic forecasts and dumb secrets. Sometimes, the advertisement is not only repetitive but desperate (maybe because the product is such a fake). Fortunately, it’s just spam.

Vanidades: superficial, verdadera

Vanidades revela la sustancia de lo que se buscaba en las revistas de actualidad: la moda, superficial, cambiante, ilusoria, efímera, vana. Por lo general, una mujer hermosa, a full color, aparece en la portada. Los temas: el último estilo en corte de cabello, los colores que se están usando, entrevistas a fondo con el o la artista del momento. Su fin es, al fin y al cabo, estético, la búsqueda misma de la belleza.

Vanidades al menos es obvia con su objetivo a diferencia de Vuelta o Sur, por ejemplo, en donde la vanidad se enmascara tras la supuesta búsqueda de las ideas (de moda) para personas que no se dejan llevar por superficialidades (digamos). Sin embargo, la mayoría de “modelos” incluídos en dichas publicaciones aparecen en blanco y negro, envejecidos, con cara de circunstancia, el retrato mismo de la vanidad intelectual que poco o nada se diferencia de los otros tipos de vanidades.

Entonces, ¿por qué el encono? ¿Cuál de las dos variantes de publicación admite, con honestidad, la sustancia misma de lo que trata? Sí, aunque usted no lo crea, Vanidades.  LOL

El anhelo del escritor mediocre

… que su obra sea juzgada por sus intenciones y no por sus resultados. Sí, la mayoría de escritores (y escritoras) anhela escribir una obra relevante. Pero entre lo que se imagina y lo que finalmente logra hay una diferencia enorme. Se los digo por experiencia propia ;)

Por ejemplo, alguien quisiera haber escrito la gran novela sobre la represión estatal, así la anuncia, la declara como su intención principal, pero, al final del día, realmente tan sólo realiza una fallida crónica de una relación disfuncional. Como en tantos otros casos, el resultado fue distinto a su anhelo. Por supuesto que desearía ser juzgado por la intención que tuvo, noble, idealista, y no por el resultado final, egocéntrico, decadente, patético.

Por eso me parece oportuno recordar “The Intention Falacy” de Wimsatt y Beardsley, quienes señalaron: “We argued that the design or intention of the author is neither available nor desirable as a standard for judging the success of a work of literary art”.

Juzgar por las apariencias

Ah, los intelectuales… Siempre diciendo que las personas no deben ser juzgadas por las apariencias, pero cuando se trata de libros se dejan llevar por las engañosas superficies. Sí, hay que oírlos pontificar acerca de la editorial, la portada, el prestigio, procedencia social o (im)postura política del autor (o autora), como si estas cosas mejoraran el texto, el ser mismo del libro.

Me da tanta risa cuando dicen que juzgar a las personas por la ropa que visten, el carro que manejan, el prestigio que tienen es superficial, pero lo primero que dicen en defensa de sí mismos o sus amigos es que publicaron con tal o cual editorial, que no han leído tal o cual libro porque “la portada no era atractiva” o porque el autor o autora no comparten su convicción (o ilusión) política.

Ni manejar un BMW ni vestir en harapos mejoran o empeoran un texto. Simple. Cuando se trata de arte, sucede algo misterioso. Lo ha demostrado Susan Boyle. Pero si nos limitamos a juzgar por las apariencias…

Don’t Give Up The Fight

Get up, stand up, don´t give up the fight… Ah, Bob Marley me ha reanimado hoy después de un día lleno de sucesos bizarros, como en una realidad alternativa. OK. Whatever. That’s all. Weird, ha.

Tembló el suelo

Otra voz, en otro vídeo, nos llega en lo más profundo de la noche, para reconocer lo que todos sabemos. Nos dice no saber por qué es tan tonto y reconoce que a nadie engaña.

Acaso, a manera de advertencia, afirma que no hay pasado sin rencor. Ojalá sólo sea un juego, semántico, rítmico, poético pero, por si las dudas, haré de caso que no los conozco. Quién sabe.

Después de lo que ocurrió, trato de pensar que hoy será un perfecto día.

Prejuicios hermenéuticos

En el voluminoso “Verdad y método”, Gadamer brinda una definición funcionalista sobre el prejuicio como inevitable punto de partida para el conocimiento: “actually ‘prejudice’ means a judgement that is given before all the elements that determine a situation have been finally examined”.

No. No podemos funcionar sin prejuicios pero la esperanza es que no limitemos nuestra experiencia congnoscitiva a éstos. Son tan sólo, repito, un punto de partida. Talvez el análisis de los elementos que definen una situación alteran nuestro prejuicio inicial, modificando nuestra percepción. Después de todo, las apariencias engañan y aún podemos aprender.

De pronto, pienso en volver a lectura de Schleiermacher (talvez mañana).

Test de Rorschach

Se trata de una serie de diez formas ambiguas, sugerentes, alusivas, “abiertas” a la interpretación de quien las observa. Pueden representar cualquier cosa, realmente, aunque algunos creen ver, en dichas manchas, la materialización de sus fobias, de sus obsesiones, de sus patologías.

Es decir: revele su rollo gratis.

¿Es posible conocer la realidad, tal cual, o sólo vemos aquello para lo cual estamos predispuestos? ¿Examinamos la evidencia empírica o la acondicionamos para que revele lo que de antemano buscamos?

Kant, en la introducción a la “Crítica de la Razón Pura”, anota: “…Reason has insight only into what it itself produces according to its own design” (p.109; Cambridge Edition).

Angustia del primer libro

¿Estás a punto de publicar tu primer libro? ¡Cuidado! Talvez ni siquiera lo sospechas pero estás en un grave riesgo. ¿Ya no encuentras la manera en hacerte notar? ¿Quieres evitarte hacer el rídiculo?  Este post puede ahorrarte que se rían a tus espaldas. Léelo, pero no se lo digas a nadie. Quedará entre “nos”. Te lo prometo.

Las librerías son como el purgatorio para el o la debutante. El o la debutante las frecuenta, recorre sus pasillos, se pasea por sus estantes, se posesiona de alguna mesa o esquina, como almas en penas, esperando que algún lector o lectora los redima.

Uno de los errores más comunes es esperar que todos aquellos que cuentan con un espacio mediático comenten este primer libro. En particular porque es común que el o la escritora debutante también cuente con un espacio mediático el cual nunca, repito nunca, ha usado para comentar libros de otros u otras debutantes. Sin embargo, acaso por el delirio provocado por la emoción de debutar, espera que otros u otras hagan lo que él o ella nunca han hecho: realizar una ponderada valoración de la obra de un o una colega.

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Cuando la ficción empieza en la solapa

Con una frecuencia cada vez más cómica, la ficción empieza en la solapa, en la narrativa biográfica o auto-biográfica que presenta a los autores al público en general. ¿Quién escribe la solapa y con qué objeto se comete este pequeño género literario, que permanece poco estudiado, tal vez incluso menospreciado?

En términos arqueológicos, pre-histórico (es decir, anterior al internet), la solapa era como el perfil en los blogs o redes sociales. Servía para que el lector se formara una idea de la procedencia del autor, una noción derivada de la ética aristotélica o, más recientemente, de la teoría foucaulteana (desde dónde del entramado social se emite el discurso). La solapa debería brindar información de utilidad pública, claves para interpretar mejor el texto que procede.

En términos formales, los responsables de la presentación del autor al público deberían ser los editores. Sin embargo, con frecuencia, el encargado de escribir esta oda minimalista al ego del autor es el autor mismo. Por alguna razón que no me explico, las editoriales, que comúnmente forman parte de lo que se conoce como “Vanity Press”, prefieren esta dudosa táctica de mercado para impulsar a un autor o autora, antes de emplear información factual, acaso más aburrida.

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