The señores of Xiblablá: se aparta de ese tradicional formato de la mayoría de las novelas guatemaltecas January 22
Por: Jorge Carro L.
Periódico impreso Siglo XXI, 22 de enero de 2004.
Me gustó porque tiene humor y se aparta de ese tradicional formato de la mayoría de las novelas guatemaltecas, a pesar de que abusa contradictoriamente tanto de anglicismos como del argot chapín, así como escenarios comunes a otros autores, como si no existieran en esta ciudad otros lugares que el Pasaje Rubio o el Cerrito del Carmen.
Recurriendo a un formato ya usado por otros, lo cual no es malo sino todo lo contrario, Ronald construye entre recortes de periódicos, su historia, envuelta entre secuestro y siniestros personajes como el general Parrales (auténtico “devorador de cabezas”), el teniente coronel Carlos Garrido, el mayor Otto Ramírez y Camila Montemayor, la pobre (¿pobre?) secuestrada, quienes van dejando al relator los desencantos del amor y la amistad, entre citas textuales de recordados boleros, lecturas emblemáticas (Ficciones de Borges), bares, calles, redacciones periodísticas, referencias gratuitas (“un hombre nervioso camina a lo largo del muro de la cervecería, la única industria del país cuyas ganancias se duplican año con año. Nuestra cerveza, de ellos”) y otras delicias, “para ser poeta no hace falta ir a la escuela”, hasta concluir en “un silencio poblado de palabras”.
Este libro fue una de mis mejores compañías de fin de año y recomiendo su lectura, porque por momentos me hizo regresar con humor, a la deslaberintización que pregonaba Lezama Lima, donde “el trazado del laberinto es una rebeldía para el itinerario fácil o el lenguaje cansado”, donde “hay que vencer la bestia, la muerte, la salida por anticipado”.

