Una elegante confesión

El despertar del alma de Enrique Gómez Carrillo.ima despertardelalma Una elegante confesión
Guatemala: Editorial Cultura, 2004.

“Los demás no ven sino la máscara” Gómez Carrillo. El despertar del alma es un elegante testimonio de lo que fueron las primeras vicisitudes literarias de uno de los más significativos escritores del país.

A manera de broma, salvando las distancias, podría haberse llamado “Me llamo Enrique Gómez Carrillo y así me nació la conciencia literaria”, contrastando el testimonio de la figura guatemalteca más conocida en el mundo en los albores del siglo XX con la que gozó de mayor popularidad mundial en el ocaso del mismo siglo.

Dentro de la actual perspectiva de la teoría crítica, en plena hegemonía de las tendencias postestructuralistas y postcolonialistas, el texto puede leerse en las coordenadas establecidas por la relación irónica que se desarrolla entre el Nuevo y el Viejo Mundo y la noción de mimesis obsesiva que padecen los esfuerzos estéticos de los artistas provenientes de una configuración simbólica con relación a la otra.

El despertar del alma relata los años formativos del escritor, situados en una capital de provincia, en un centro de la periferia.

De alguna manera, es un recuento de la manera en que el autor fue desplazándose desde el margen al centro de los debates literarios de su época, develando que la mirada liminal configura buena parte de lo que considera como centro, puesto que en este espacio imaginario proyecta el deseo que lo impulsa.

Por demás, registra los prejuicios que llevaron a la sustitución semántica de un referente por otro, el tránsito de la literatura española por la francesa.

En muchos sentidos en esta cadencia sintagmática modernista reside la seducción narrativa de Gómez Carrillo, altamente contagiosa para un escritor en ciernes, que busca un posible sendero por el cual transitar desde el sentimiento de desarraigo que padece el escritor en una sociedad tan fija como la guatemalteca hasta alcanzar un punto de enfoque para observar y relatar el flujo de los eventos que nos marcan.

Es decir, existe una analogía inevitable entre la descripción del tierno enamoramiento que padece Gómez Carillo con Edda, una mujer mayor, que la que padece el novel narrador con la literatura.

Sin embargo, dicha angustia estética puede y debe enmarcarse únicamente dentro del archivo que lo condiciona. Es decir, como el registro de uno de los síntomas más recurrentes de la modernidad, angustia de la cual se libran, por medio de recursos como la parodia, los escritores que se posicionan dentro de la matriz ideológica postmodernista.

Por demás, la trayectoria del texto persigue en su sencillez la clásica epifanía sobre la que discurriera Joyce: el establecimiento del repertorio que asegure el hallazgo.

El relato parte del hogar, pasa por la escuela, el intento de fuga de casa, el mostrador de la tienda, el primer enamoramiento, las salas de redacción, las noches de bohemia, las discusiones literarias, hasta llegar al viaje que lo lanza al mundo en busca del sentido que advierte en todas las señales anteriores.

Se trata de una ruta de alumbramiento: desde el interior de la casa materna hasta el puerto que lo expulsa a la vida (como materia literaria).

En el curso de la incertidumbre, va deviniendo el hallazgo que configura la narración: la vocación literaria. Pero acaso, ¿no es ésta también una ficción, una configuración retrospectiva que intenta brindar unidad a la heterogeneidad de la experiencia humana que transita en múltiples sentidos a la vez?

Sabemos que todo despertar implica un tránsito de un estado de sueño a uno de vigilia. ¿Acaso no es también un sueño el que sueña quien cree que no está soñando? El despertar del alma es ese relato que se instala en la vigilia del escritor, pero que devela a la vez la forma de su sueño. Leer esta obra de Enrique Gómez es también despertar un poco a los sueños de la escritura.

Comentario