Meditación sobre el signo de Cárcel de árboles de Rodrigo Rey Rosa July 18
Carcel de árboles de Rodrigo Rey Rosa
Guatemala: Fundación Guatemalteca para las Letras, 1991.
Vestíbulo
Cárcel de árboles de Rodrigo Rey Rosa (1958) habita de una manera inexplorada la última selva narrativa latinoamericana, ubicada en el intersticio de la novena década del siglo XX al ser escrita en Tánger en 1989 (el año de la caída del muro) y publicada en España en 1992 (el año del Quinto Centenario).
Escribir literatura guatemalteca hubiese sido circunscribirla al gentilicio de su autor. Por el contrario, considero que latinoamericana indica de una mejor manera cierta ubicuidad que puede asociarse al proceso escritural relativamente nómada de Rey Rosa, en especial a un texto que escribe en Tánger, a donde llegó luego de residir en Nueva York; quien al inicio tuvo como maestros al español Salvador Aguado y el estadounidense Paul Bowles.
Quizás por el mismo hecho de situarse en ese ámbito impreciso de finales de siglo, se vincula directamente con los debates que a principio de siglo coadyuvaron a establecer el marco interpretativo que aun impera en el dominio literario.
Me refiero a su cercanía con la focalización criollista y la continuidad temática con la obra de Virgilio Rodríguez Macal (1916-1964) que se sitúa en El Petén, la economía estilística de Augusto Monterroso y el debate sobre la constitución del signo emprendido notablemente por Saussaure y Wittgenstein, en cuyas diferencias hermenéuticas posiblemente oscilen el enfoque modernista y postmodernista.
Habiendo afirmado lo anterior, resulta curiosa la asociación entre el título de esta obra de Rey Rosa y el significado de los aportes filosóficos de Saussaure y Wittgenstein, precisamente porque estamos frente a una ficción que interroga el proceso mismo de la escritura, cuyo sentido de la fábula es precisamente esta pesquisa.
A pesar de que la cita inicial del texto señala hacia Wittgenstein, considero pertinente referirme al aporte implícito que brinda Saussaure. En su clásico curso de introducción a la lingüística, Saussaure emplea el árbol, como la palabra “árbol” y como el dibujo de un “árbol”, para ejemplificar la esquizofrenia constitutiva del signo lingüístico, esa nunca completamente armoniosa cópula entre significante y significado.
De tal forma, más que una indagación acerca de los hechos significantes en Cárcel de árboles, este breve ensayo pretende enfocarse en el significado posible que pueda entrañar esta fábula en la prisión semántica de la literatura nacional en la cual hemos sido situados.
Cicatrices narrativas
Cárcel de árboles se sitúa en un fenómeno narrativo poco explorado en la literatura nacional: el de los relatos que son demasiado extensos para ser considerados cuentos largos y demasiado cortos para ser novelas en cuanto tal.
Si bien podría afirmarse que ese ciclo comienza con Lo demás es silencio de Augusto Monterroso en 1978 es difícil establecer en qué texto concluye, pues dicha forma es la modalidad hegemónica y mejor lograda de la narrativa contemporánea guatemalteca.
En esta modalidad sería preciso incluir algunas de las narraciones más relevantes de los últimos años: El tiempo principia en Xibalbá de Luis de Lión (publicada en 1985), El palacio de Minos de Gustavo Adolfo Wyld (1994), El hombre de Montserrat de Dante Liano (1994), Los amos de la noche de Estuardo Prado (2001), Esto no es una pipa, Saturno de Eduardo Halfon (2003), Ruido de fondo de Javier Payeras (2003), Labios de Maurice Echeverría (2004) y el propio proceso de Rey Rosa que prácticamente domina la década de los noventa con Lo que soñó Sebastián (1994), El cojo bueno (1996), Que me maten si…(1997), Ningún lugar sagrado (1998), La orilla africana (1999) y Noche de piedras (2002).

