Precisa labor

portada angelicaenlaventana Precisa laborAngélica en la ventana. Javier Mosquera Saravia. Guatemala: Editorial F&G, 2004; 170 páginas.

Angélica en la ventana de Javier Mosquera Saravia (1961) es una colección de cuentos que evidencian un esmerado estilo narrativo, quizás el más riguroso en cuanto al uso del idioma en la actualidad de la literatura guatemalteca.

Aunque publicara un libro de cuentos anterior, Dragones y escaleras (2002), y otro posterior, Laberintos y rompecabezas (2005), considero que Angélica en la ventana condensa lo mejor de la sólida y lograda propuesta cuentística de Mosquera Saravia, en cuanto al estilo, la nostalgia por una época que se forjó en el intento del cambio y la temática amorosa.

Egresado de Letras de la Universidad del Valle, el estilo de los cuentos de Mosquera Saravia hace pensar en una sólida tradición circunscrita a dicho programa que, ahora en tres generaciones distintas, ha formado narradores poco conocidos pero de alto valor: el mítico Ricardo Estrada (1917-1976) en Unos cuentos y cabeza que no siento y el preciso Gustavo Adolfo Wyld (1942) en Conspiración de los espejos.

Los cuentos de Mosquera siempre expresan más de lo que aparentan. El sentido cobra una presencia espectral en sus textos. Me refiero a la característica de una labor precisa: la elusividad en la correlación entre el enunciado y el significado pretendido del mismo. Se trata de una sintaxis esmerada y, por ello mismo, peligrosa. Al menos para quien lee con descuido.

Particularmente recomendables, los relatos “Soledad”, “Pasado”, “El Apóstol” y “Angélica en la ventana” de donde cito los primeros párrafos:

“Angélica corre lentamente hacia la ventana. ¿Qué busca? ¿Un presentimiento? No, le pasa lo de siempre. No lo sabe. Todos los días una fuerza inexplicable la retiene por horas en la simple observación de la playa y el mar. Su vista recorre el paisaje. Lo conoce de memoria. La arena blanca, las tres piedras sin gracia y la casa de Sir Walter Raleigh.

No se sabe quién le puso el apodo al viejo, pero le queda bien. Sir Walter Raleigh. Una idea tomada, seguramente, de la marca de cigarros o de una canción de los Vétales. El sobrenombre refleja el aire de extranjero (aunque es más de aquí que la arena). Todas las tardes pasa frente a la ventana, con su gorra de marinero, y saluda a Angélica” (83).

Ahora que estoy por concluir esta reseña me doy cuenta que mis relatos favoritos de Mosquera se encuentran contenidos en su primer libro “Dragones y escaleras” (cuestión de una futura reseña).

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