Se cumplen tres años de la muerte de Mario Monteforte Toledo (15 de septiembre 1911/4 de septiembre 2003).
Estrictamente en términos del volumen de producción escrita, el legado de Monteforte sólo es equiparable al de Miguel Ángel Asturias y al de Luis Cardoza y Aragón, quienes a diferencia de él, se dedicaron de manera prioritaria a la novela y al ensayo literario, respectivamente. Sin embargo, incursionaron con más constancia en la poesía, que Monteforte dejó casi completamente inexplorada.
Ni Asturias ni Cardoza, sin menoscabo de su capacidad creativa, tuvieron la actividad académica que sostuvo Monteforte, aunque los tres inician su formación superior en el país y la concluyen en París. Ninguno de ellos escapa del trauma nacional de 1954 y padecen, de forma similar aunque diferenciada, el exilio subsiguiente, en donde desarrollan la mayor parte de su obra.
De Miguel Ángel Asturias, Luis Cardoza y Aragón y Augusto Monterroso, Mario Monteforte Toledo no sólo es el único que retorna para radicarse en el país sino que coincidentemente, es el menos conocido en el ámbito literario hemisférico, valorándose su obra literaria de una manera menos significativa que la de los demás autores.
La razón que sostiene esta valoración crítica está aún por someterse a prueba. Es posible que la muerte de Monteforte despierte el mismo interés académico que suscitan las figuras de Asturias, Cardoza y Monterroso, sobre quienes actualmente se desarrollan disertaciones doctorales o ensayos de profundidad.
Es posible también que la rigurosa jerarquía simbólica que impera hoy en el orden letrado, por la hegemonía del canon modernista, se mantenga inalterada. Sin embargo, lo más probable es que cuando la tendencia crítica postestructuralista impere en Latinoamérica de forma definitiva, se modifique sustancialmente el dominio literario tal y como se conoce hasta la fecha, anquilosado en la estética colonizada. Dentro de algunos años, dicho panteón dejará de ser el dominio exclusivo de hombres criollos, cuyo trabajo se valora a partir del volumen y la pretensión nacionalista o universalista de la misma, para dar paso a una ponderación más cercana al discurso íntimo, de resonancia particular.
Habilidad de géneros
Después de todo, y conforme a la noción modernista a la que se apegó, Monteforte es uno de los pocos escritores guatemaltecos del siglo pasado que se desplazó con soltura en los géneros más diversos: desde el drama, pasando por la novela, hasta la redacción de leyes.
Sin duda, la práctica que le brindó mayor difusión fue el periodismo, aunque a la fecha no exista ni siquiera una breve antología que recoja algunos de sus artículos de opinión, que coadyuvaron a formar la noción pública de lo que constituía la problemática nacional, así como del pensamiento de Monteforte como autor significativo, que ambiguamente derivaba valor por su circulación en los medios masivos por ser escritor de novelas y ensayo, así como también aumentaba su valor en los círculos intelectuales por ejercer el periodismo.
Cualquier compilación que se realice de su trabajo periodístico deberá incluir las ocurrencias que publicó, con apariencia de datos, en las páginas editoriales de los primeros meses de circulación de elPeriódico, como es probable que lo haya hecho en otros medios anteriormente, en los que hacía un derroche de humor inusual en el resto de su obra escrita, pero que pocos de sus lectores conocen debido a que las publicaba de forma anónima. Es ese humor el que ha hecho tan apetecibles sus retratos hablados, tan distintos al tono solemne con que, por lo general, enuncia el resto de sus procesos discursivos.
En busca de un balance
Aunque queda pendiente, por supuesto, la edición póstuma de textos en los que Monteforte pudo haber estado trabajando en las vísperas, o bien en los que trabajó mucho tiempo atrás pero que hayan quedado en sus archivos por un motivo u otro, es oportuno realizar un balance, por demás preliminar, de lo que puede constituir el campo de los futuros estudios, tanto de la cultura guatemalteca en general como de las producciones que se aglutinen bajo la categorización autorial Monteforte Toledo, incluyendo de forma problemática, claro está, su reciente, inconclusa y difícil de determinar labor cinematográfica.
Para los interesados en la cultura nacional, no será fácil enfrentar el interrogante que supone la escritura Monteforteana, en el más amplio sentido. Pienso, por ejemplo, en lo contradictorio que resultará, para quienes perseveran en la tendencia crítica Nuevo Historicista, contrastar el significado de sus enunciados públicos con algunos de los gestos que asumió a lo largo de su vida. No todo, como es común cuando se examina la vida humana, era la coherencia que idealizan algunos, ni la falta de integridad que quisieran ver otros.
La experiencia real tiende a ser la gran armonizadora entre los afanes y las posibilidades de cada quien. Es posible que quienes se inscriban dentro de la arqueología crítica, encuentren un extenso campo en el contraste: entre las novelas, los artículos periodísticos y los estudios sociológicos de Monteforte, en los cuales se puede establecer una noción cercana de lo que era el archivo de la época.
Lo anterior, para no ahondar en lo apropiado que resultaría una comparación entre algunos de los textos que representaron imaginativamente el trauma de 1954; entre éstas considero que podrían estar las de Galich, Cardoza, incluso Arias, pero especialmente lo diferenciadas que resultan las colecciones de cuentos que Asturias y Monteforte elaboraron al respecto: Weekend in Guatemala y Cuentos de derrota y esperanza; si bien el primero es esperpéntico, el segundo contiene una sobriedad desconcertante, que por eso mismo acierta.
En el estricto ámbito sociológico, destacan irremediablemente tanto Centroamérica: subdesarrollo y dependencia , por su alcance unificado, como Tiempos de renuevo, porque presupongo que de alguna forma condensa la amplia gama de temas en los que incursionó. Para entender las coordenadas estéticas y los derroteros activistas por los que bregó resulta de particular importancia la ponencia “El escritor y la política”, que me parece cada vez más como una suerte de auto-retrato hablado.
Obra narrativa
Me gustaría concentrarme en algunos aspectos que articulan su obra narrativa, que ha sido la más estudiada. Seymour Menton, en su ya clásica Historia crítica de la novela guatemalteca, afirma que las primeras cuatro novelas de Monteforte marcan cuatro fases básicas de la novela hispanoamericana de entonces: del criollismo, pasando por el nacionalismo, el estudio sociológico con experimentación estilística, para arribar al “estudio filosófico de tendencias universales”.
Arturo Arias, en La identidad de la palabra, por citar un estudio reciente, reconoce la importancia significativa de Monteforte en relación al inicio del “proceso de reflexión, por parte de la sociedad ladina, para incorporar al indígena dentro de su propia concepción de estado-nación”.
Dentro de ese complejo entramado que presupone el logrado arte de novelar que le adjudicaban a Monteforte, creo haber encontrado un rasgo que permanece inexplorado: un dolido erotismo. La intuición que me ha dejado la lectura reciente de sus novelas, articuladas en una relación amorosa que fracasa, cuyo rastro constituye la tinta derramada como expiación y exorcismo.
Desde la huída de Jorge hacia la selva por despecho en Anaité; la fallida relación entre el natural Pedro Matzar y la ladina Margarita Castellanos en Entre la piedra y la cruz, imposibilidad amorosa que se revierte entre Raúl Zamora y María Xahil en Donde acaban los caminos ; o bien, la frustrada unión de un latinoamericano y una gringa en Los desencontrados o un señor entrado en años y una joven en Unas vísperas muy largas. Mi favorita, cabe aclararlo, es Una manera de morir , y el desencuentro entre Peralta y Laura.
Espero, sin embargo, que la relación entre los textos de Monteforte y la cultura guatemalteca contradiga esta vertiente en su obra: que pueda al fin prosperar una relación idílica entre ambas, para que siga vivo el legado que deja a esta nación alguien que tuvo la audacia de pensarla en serio, con amor y dedicación.








