Hipótesis sobre la Nueva Novela en Guatemala

sopadecaracol Hipótesis sobre la Nueva Novela en GuatemalaLa Nueva Novela empieza a mediados de 1970 y termina a mediados de 1990. Pura Nueva Trova (So yesterday).

La mayoría son novelas auto-biográficas o biografías noveladas.

Tema recurrente: el fracaso de la utopía colectiva, el triunfo de la pureza individual. Leit Motiv: Si tan sólo se hubiera hecho lo que yo dije, el movimiento revolucionario hubiera tomado el poder (pura alucinación).

Si el ciclo de la novela del conflicto armado interno comienza con “Los compañeros” de Marco Antonio Flores, termina con “Sopa de Caracol” de Arturo Arias. “Los compañeros” reprime el deseo, mientras que “Sopa de Caracol” lo expresa. “Los compañeros” tiene un tono trágico, “Sopa de Caracol” un tono irónico. La mayoría de situaciones en “Los compañeros” son patéticas, en “Sopa de Caracol” son paródicas.

Los postulados a la mejor imitación de “Los compañeros” de Marco Antonio Flores son: “Los demonios salvajes” de Mario Roberto Morales y “En el filo” de Marco Antonio Flores.

En cada novela, el narrador se alucina protagonista de su propio documental (título tentativo de la serie: más que grandes revolucionarios, pequeños tiranos). No obstante, sólo en “Sopa de Caracol” el personaje-narrador no se toma tan en serio. Se ríe de sí mismo, a pesar de la tristeza de la derrota.

7 Comentarios

  1. madrobyo
    Publicado 31 octubre 2006 a las 10:17 | enlace permanente

    esperemos que estos países salgan de sus “trabes” de guerras, tal vez ahi empiece una verdadera nueva literatura, porque por lo que hay, es una recurrencia sobre lo mismo…

  2. Publicado 31 octubre 2006 a las 13:33 | enlace permanente

    Qué interesante saber que hay una novela que por fin se desvía de todo ese trabe. ¿Está a la venta en Guate? Y no crean, no sólo en la novela sucede ese fenómeno. Es en toda nuestra literatura. Los libros guatemaltecos que encuentro en las ferias del libro (poesía, cuento, novela o ensayo) giran en torno al conflicto armado en su gran mayoría. El tema no está mal, pasa que se aborda bajo fórmula, sólo eso.

  3. Ronald Flores
    Publicado 31 octubre 2006 a las 17:35 | enlace permanente

    el tema no sólo es importante, también el enfoque, el estilo y demás. No obstante, aunque se le señala a la literatura guatemalteca su recurrencia acerca del conflicto armado interno, se obvia que algo igual sucede con otros países y sus “traumas” nacionales: los EEUU y la guerra civil, Europa y la Segunda Guerra Mundial, España y la guerra civil y demás. Es decir, si sucede en todas partes, por qué ensañarse contra Guatemala. Lo importante, estoy de acuerdo con Wingston, es que también se escriban sobre otras cosas, desde otros enfoques, otras personas…

  4. Publicado 6 noviembre 2006 a las 16:10 | enlace permanente

    Estoy de acuerdo con vos Ronald. La guerra como situación histórica es un evento que permea la consciencia colectiva guatemalteca. Lo ha hecho desde que empezó y lo seguirá haciendo per secula seculorum. Aquí en Canadá la mayoría de los escritores están “trabados” en las guerras mundiales, porque fue allí el tiempo/espacio en el cual la identidad canadiense nació. Antes de las guerras, el dominio de Canadá era una entidad amorfa bajo las faldas del imperio británico. Las guerras mundiales iniciaron el proceso que aún continua, pero que tuvo su climax en la “patriación” de la constitución a inicios de los ochenta.

    En Guatemala, el proceso de paz es sólo el comienzo. Creo que mucha gente no lo ve así y quisieran “olvidar”. La actitud debería ser “nunca olvidaremos” ó mejor aún “nunca dejaremos que esto pase de nuevo”.

    Pero, que se yo, si ya me transplanté a otro país, eh?

  5. luis rosales
    Publicado 14 agosto 2008 a las 16:41 | enlace permanente

    felicidades ronald gente como bos es la que se necesita en guatemala pilas en las ideas nuevamente felicidades sabes me gustaria leer una de tus novelas porfa enviame una a mi correo cuidate y adelante

  6. Diego Azurdia
    Publicado 15 marzo 2011 a las 20:06 | enlace permanente

    Me parece interesante tu hipotesis. Viendo los comenterios, sin embargo, creo que la cuestion va mas alla de “trabes” y talvez es mas cuestion paralela a la idea de “imposibilidad de poesia despues de aushwitz”. No hemos sido capaces de crear la gran novela de la guerra y por eso insistimos en el tema (dinamica de trauma). La cuestion talvez sea un imposibilidad formal de la representacion artistica del terror, un miedo a embellezar lo que es por demas horrorozo, o talvez la incapacidad de todo nuestro arsenal literario, tanto local como a nivel latinoamericano, de lidiar con semejante tema.

  7. Diego Azurdia
    Publicado 15 marzo 2011 a las 20:11 | enlace permanente

    A proposito, me interesa tu opinion al respecto, y me preguntaba si hay algun libro o ensayo escrito sobre la novela de guerra (se que hay un vergo de estudios sobre la novela del caudillo, por ejemplo). Ademas, aqui te va una reseña sobre El Material Humano de Rodrigo Rey Rosa que toca el tema. Igual, gracias:

    Diego Azurdia
    febrero 19, 2011 a las 12:16 am

    No para polemizar, sino para ampliar, aqui les va la perspectiva de un guatemalteco, sin miedo a ruborizarme por pensar que a veces en la literatura, o en los intentos de ella, el contexto puede ayudar a mostrar el potencial de una obra (el valor de un diamante por el fósil que deja):

    “Por mi parte, mas allá de la información que esperaba obtener en ese laberinto de millones de legajos policiacos acumulados durante más de un siglo y conservados por azar, después de aquella visita inicial las circunstancias y el ambiente del Archivo de la Isla habían comenzado a parecerme novelesco y acaso novelable. Una especie de microcaos cuya relación podría servir de coda para la singular danza macabra de nuestro último siglo.”

    Pongamonos en contexto: En 2005 tras una violenta explosión en la ciudad capital, se descubre accidentalmente el archivo secreto de la policía nacional. En el complejo de la actual academia de policía se ubicaba antes La Isla, una cárcel secreta de los temidos comandos de la policía nacional y así es que aparecen más de 80 millones de documentos. Horizontalmente constituiría ocho kilómetros de archivos. Verticalmente, cubren las paredes de un recinto a punto de desplomarse por la humedad. Estando en un foro de literatura, que tire la primera piedra aquel para quien el tema no pida a gritos ser novelado.

    Evidentemente, huele a Borges. Y es que el viejo aparece en los lugares y en los momentos y de las maneras menos esperadas en las letras de nuestro continente. Entre líneas con densidad de fantasma: se asoma, asombra y asusta. Se dice que sus categorías literarias son lo suficientemente universales, o simplemente que en su lectura errónea hay vastas tierras para cosechar, de tal manera que se las ingenia para mantenerse vigente, de-formado, re-formado. A mí siempre me ha gustado pensar que el viejo se fue esfumando y al momento mismo de su consagración logro escaparse a ras de lenguaje y al final de tres puntos…

    En El Material Humano se asoma como archivador con el nombre de Benedicto Tun, cuya firma aparece en todos los folios del archivo que incluyen algunas cartas escritas por él. Pero Rodrigo Rey Rosa no se limita a invocarlo literariamente (guiños que como veremos, no vienen al caso). El narrador lo pone en carne y hueso, o al menos tanto como la figura de Borges permite, al citarlo no a través de sus obras sino a través de las memorias de Bioy. El mismo narrador reconoce directamente la fuerza del argentino en su impulso a novelar las circunstancias del archivo, en repetidas ocasiones.

    Si reconocemos aromas borgianos en función a la posibilidad de novelar (hay hileras infinitas de hojas escritas y solo recientemente descubiertas e investigadas de modo arqueológico, colocadas como laberintos y administrados en el pasado por un señor cuyo único rastro es la firma al final de cada documento-Benedicto Tun ha muerto sin recibir pensión), al cambiar libros por archivos también reconocemos a Kafka (ya en el presente narrativo hay jefes del Proyecto de Recuperación del Archivo que solo se localizan por teléfono para determinar la fecha de una cita que se pospone reiteradamente, con el deseo de saber por qué se ha restringido el acceso al Archivo, mientras se espera recibiendo respuestas ambiguas) De ellos se puede hablar mucho, pero el mismo narrador lo discute en muchas partes del libro sin llegar a nada. Es hacia el tercero, implícito a lo largo del libro, en el tridente de influencias clásicas de la literatura latinoamericana a quien me dirijo:

    “Jose Maria Miculax Bux, confeso violador y estrangulador de doce “niños blancos” de entre diez y dieciséis años. Originario de San Andres, Patzicia, cometió sus crímenes en los alrededores de Antigua y la Nueva Ciudad de Guatemala. Fue sobreviviente de la matanza de Patzicia, poco después del levantamiento kakchiquel por problemas de tierras. Fucilado en 1946 a los 21 años de edad.”

    Tan solo una ficha y de nuevo la tentación de novelar, pero esta vez tomando prestado la vos de Faulkner. Podemos vislumbrar su temática, adaptar su particularísima visión trágica, podríamos pensar en Jose María como un Christmas guatemalteco, con pasado racial ambiguo, etc. El problema es que el universo literario que se podría formar alrededor de Antigua, alrededor de una familia Guatemalteca, en el espacio ambiguo de una ruralidad que enfrenta una modernidad externa atascada por tensiones raciales, queda inmensamente corta: A Jose Maria Miculax Bux se le agregan casos tentativamente coherentes “-Reyes Dionisia. Nace en 1931 en el Progreso. Fichada por homicidio en la persona de su hermano menor, Januario Reyes, con escopeta”, conservadores -“Antunes Perez Emilia. Nace en 1920. Oficios domésticos en la ciudad capital. Vive con sus hijos. Fichada en 1955 por ejercer la prostitución”, absurdos “-Novales Dolores. Nace en 1919. Hondureña (Puerto Cortez), Fichada en 1955 porque quiere dejar la prostitución y someterse a la vida honrada”, políticos “-Ochoa Santizo Jorge. Nace en 1943. Carrocero. Fichado en 1960 por sospechoso. Vive con su señora madre puta.” llegando hasta 1970 en adelante, archivos que se mantienen ocultos, correspondientes a la época de desapariciones sistemáticas bajo la táctica de “quitarle el agua a los peces”, una montaña de cadáveres: una columna de perfiles de victimas, 200 mil extraoficialmente (la cifra más alta en las Américas del siglo XX).

    Que pasa entones? Si había tanto potencial, por que ofrecer una obra no terminada, una obra inconexa, o en el peor de los casos, por que hacer de un fracaso un libro? Por que publicar una obra que ni siquiera alcanza a ser el deathmask of its conception? Llámenme ingenuo, pero yo veo aquí un gesto con valor literario, a raíz de una nueva formulación: la obra es el deathmask of an impossible conception.

    Literatura como la posibilidad de una revelación inminente, revelación inminente como historia, la posibilidad literaria suspendida, un laberinto de documentos con sonidos que podrían ser minotauros en brama, o simplemente el olor a chicharrones, y canciones de Arjona. El libro es el conjunto de apuntes de un escritor que vio en el archivo una posibilidad de novelar. Su desorden, su paseo al azar entre los pasillos del archivo, mezclado con la porquería que son los sucesos de una vida típica de un guatemalteco letrado de clase media (como su servidor), contado en libretas en forma de diario, todo indican contingencias desesperantes tanto para el lector como para el protagonista-autor. Pero, más importante aún, también apuntan a una actitud reconocible: la espera y apertura ante una revelación, que nunca llega. Una revelación literaria u histórica? Probablemente aquello que posibilite la conexión entre ambas. (Aunque con obvias diferencias temáticas y de otra índole, en referencia a la forma, se me viene a la mente una Nausea de Sartre sin el pasaje del árbol)

    Entonces, Imposible hablar de tragedia, de leyes trágicas que sacuden contingencias para darle forma suprema a historias humanas. El arsenal literario del escritor latinoamericano queda corto. Se tratara de una imposibilidad formal, tal y como se lo pregunta el narrador:

    “Inesperadamente me pregunto qué clase de Minotauro puede esconderse en un laberinto como este. Tal vez sea un rasgo de pensamiento hereditario creer que todo laberinto tiene su Minotauro. Si este no lo tuviera, yo podría caer en la tentación de inventarlo.”

    A mí me parece que la publicación de la obra misma propone lo contrario. El descubrimiento del Archivo, un suceso histórico de dimensiones continentales, el contexto en el que se descubrió, y sus aparentes posibilidades literarias, no podrían haber pasado desapercibidos por un escritor que sufrió algunas de las consecuencias de la guerra: el resultado un reconocimiento de imposibilidad. Hasta aquí, aparentemente, nada novedoso: un caso de imposibilidad de poesía después de Auschwitz. Lo novedoso esta en el reconocimiento de una posibilidad de poesía que aun no se cristaliza. El material en carne viva que es la guerra encuentra una mediación menos cegadora para el novelista: los archivos de esa guerra- hay papel de por medio. Pareciera que el material humano de Rodrigo Rey Rosa es un caso de criogenia literaria, un descongélame cuando haya cura.

    Más aun, el libro apunta a una posible explicación de dicha imposibilidad. Aquí me aventuro a una tesis, mala costumbre de la que me contamine estudiando en tierras gringas. Entre citas literarias, archivos, entradas de diario, el narrador comenta sucesos de actualidad que aparecen en periódicos y noticieros (verídicos por cierto): el reciente asesinato e incineración de diputados salvadoreños en la ciudad de Guatemala. El encarcelamiento de policías acusados, y la posterior ejecución anónima en su celda, en una cárcel de supuesta alta seguridad, etc. Son eventos que muy bien pudieran formar parte del archivo- las libretas de apuntes, que son el libro, aparecerían al final de la última columna de hojas en La Isla. Las implicaciones son claras: el estadio histórico que comprende el conjunto de documentos encontrados no ha terminado. En términos historiográficos, un punto ciego propio del que interpreta el presente.

    Así leído, el desafío es doble: ponle fin a la era y descubre los mecanismos estéticos para representarla, no necesariamente en ese orden (acaso el segundo provocando el primero?). Un review a un libro como este consistiría en una propuesta. La mía es tentativa, y con ella termino: una novela sobre el siglo XX Guatemalteco girara alrededor de la imagen de perros colgados de postes de luz. Estén pendientes de la publicación.

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