Premio Monteforte de Novela

monteforte99 Premio Monteforte de NovelaLa profesora Josefina Ludmer dijo en una ocasión que los premios evidenciaban más los gustos del jurado que la calidad de la obra galardonada.

Al inicio, el premio Monteforte fue de Primera novela. Luego, Nacional de novela. Ahora, Centroamericano.

El 10 de noviembre recién pasado cerró la décima edición del premio de novela centroamericano Mario Monteforte Toledo. Monteforte convirtió los Q. 10 mil que recibió como Premio Nacional de Literatura 1993 en un incentivo para los jóvenes escritores, para ayudarlos a darse a conocer, cuestión que no ha sucedido en la manera esperada.

Hasta el momento, el premio ha sido otorgado a dos personas menores de 30 años (al momento de ganar), ha dado a conocer a tres nuevos escritores, lo han ganado dos mujeres y, a excepción de una sola vez, siempre ha sido concedido a Guatemala.

Con todo lo que se le podía objetar a nivel personal, Monteforte constituía el garante de la calidad y parcialidad (sí, parcialidad) del mismo. Era su premio, su pisto y era parte vitalicia del jurado.

En 1995, Premio Monteforte de Primera Novela la ganó Raúl de la Horra con: “Se acabó la fiesta”. Debido a la escasa calidad de las obras presentadas, Monteforte convirtió el certamen en un concurso abierto a cualquier escritor guatemalteco, en cualquier etapa de su carrera.

El primer certamen nacional, en 1997, fue para Méndez Vides con “Las murallas”. En un editorial publicado en elPeriódico después de cerrada la recepción de obras, Monteforte escribió que como había recibido muchas novelas relacionadas a la guerra interna, el galardón lo recibiría una que no tuviera esa temática. Digamos que debió haberlo dicho antes o incluir en las bases, algo así como: “no se premiará una obra que aborde la problemática del conflicto armado interno”.

Luego, en 1998, Víctor Muñoz con “Sara sonríe de último”; en 1999, este servidor con “Último silencio”; en 2000, Fernando González con “Matusalem, el heterodoxo”; en 2001, la última edición del certamen nacional lo ganó Haroldo Sánchez, con “Lengua de Pájaro”.

En 2002, el certamen tuvo un alcance centroamericano y lo ganó la escritora salvadoreña Jacinta Escudos con “A-B-Sudario”. En 2003 (luego del fallecimiento de Monteforte), lo ganó Oswaldo Salázar con “Por el lado oscuro”, la única novela receptora de este premio que ha sido traducida a un idioma extranjero. En 2004, la afortunada fue Carol Zardetto por “Con Pasión Absoluta” y la más reciente edición fue para Maurice Echeverría por “Diccionario Esotérico”.

El premio atraviesa un momento difícil en su corta vida, luego de la muerte de su fundador y motor, pues corre el riesgo de que se consolide una rosca de escritores y editores que se repartan el premio a manera de cuchubal, o bien que cumpla su propósito y le sirva para abrirle el espacio a nuevos y nuevas novelistas de centroamérica.

3 Comentarios

  1. madrobyo
    Publicado 15 noviembre 2006 a las 8:47 | enlace permanente

    Absolutamente de acuerdo con lo último… (Aunque Monteforte no sea santo de mi cabecera)

  2. Publicado 15 noviembre 2006 a las 23:31 | enlace permanente

    La afirmación de la profesora es cuestionable, si el jurado está conformado por gente que sepa. La primera parte es innegable, es el gusto del jurado que define al ganador, y eso es natural en cualquier concurso de arte. La segunda parte de la afirmación entra en un terreno generalizador no tan firme.

  3. Publicado 16 noviembre 2006 a las 13:45 | enlace permanente

    Todo este hablar acerca de concursos literarios me trajo a la mente la imagen de los “certámenes de belleza”, en la cual ser jurado no necesariamente requiere poseer las cualidades que se están calificando. Sobre la política detrás de los concursos, bueh!…

    Por estos lares el “Scotiabank Giller Prize”, el premio literario más importante y de más valor económico en Canadá, acaba de ser otorgado a la primera novela de un médico inmigrante (Chino-Canadiense). Lo interesante del premio es que con anticipación se da a conocer a los “finalistas” (“short list”) y el sólo ser mencionado en esta lista le da un respaldo al libro, especialmente en ventas. Hay otros concursos prestigiosos que le ayudan a nuevos y viejos autores a promover sus obras.

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