Quema del diablo December 6
Comparto con ustedes una de mis columnas favoritas de mis años en Prensa Libre, antes de que por opción personal decidiera abandonar aquel espacio.
Fue publicada hace tres años y ahora que la reviso me sorprende lo rápido que pasa el tiempo.
Al diablo con eso
Estoy al tanto de que, con razón, varios grupos ambientalistas promueven que para hoy, 7 de diciembre, día de la quema del diablo, se suspendan las hogueras que los guatemaltecos acostumbramos al atardecer. Sin embargo, hay cosas que me gustaría decir antes de que esta pugna en la opinión pública se traduzca en un decreto que prohíba esta tradición con la que, para mí, cuando era niño, se abría la época navideña.
No sé a quién se le ocurrió la peregrina idea de sacar a la calle los colchones viejos, las pilas de papeles que están en una esquina acumulando polvo y humedad, para incendiarlas al anochecer. Me dicen que han dicho que el diablo se escondía en los rincones de la casa, entre las cosas viejas, entre la basura que acumulamos a lo largo del año, sin entender por qué.
Me han dicho que quemar esta ensarta de cachivaches y papelejos era hacer que el diablo ardiera en sus propias llamaradas, que era necesario para entrar a la época navideña con la casa limpia. En ese contexto, confieso que he practicado más de una vez este interesante rito de purificación. He lanzado a las llamas cuadernos de clases que durante el año aborrecí, cartas de amores fallidos y de reproches que recibí o que escribí sin enviar, fotografías en las que no salí como quise, manuscritos de novelas sobre las que ya jamás pienso volver.
Me gustaba, en el frío de diciembre, acercar el rostro y las manos a las llamas, ir deshojando los cuadernos, ver cómo el papel se consumía y las letras que resaltaban sobre la blanca hoja se iban difuminando en la negra tinta de la ceniza. Hoy pienso hacer algo similar, aunque distinto. Voy a salir a la calle al final del día. Voy a sacar los rencores todos, los que he venido acumulando durante este último año, las envidias todas, los dolores todos y les voy a hacer arder en la hoguera de vanidades que ando arrastrando torpe e inútilmente conmigo.
Dolor, envidia, rencor, resentimiento, tristeza, amargura que he ido guardando en los rincones de mi corazón, en el trazo de las lágrimas que he llorado por personas que me han dañado (aunque quizás esa no fuera su intención o porque precisamente esa era su intención), en los silencios que me causaron momentos confusos frente a los robos que padecí, ante las muertes de seres queridos que me tocó vivir este año, ante la despedidas inevitables de personas que quiero y con las cuales simplemente no puedo estar ya más.
Sí, como a todos, no falta quién me haya dicho o haya hecho algo que me haya causado dolor, que me haya provocado que yo decidiera guardar ese dolor hasta que, atesorado, se convirtiera en rencor, a veces hasta en un odio hostil y persistente, en una honda tristeza, una amargura sutil o un dolor inagotable. Me sorprende constatar cuánto me aferro a toda esta basura, cuánta energía tengo que derrochar para seguirla cargando, como si fuera importante.
En los momentos personales que he ido guardando, pues considero que van configurando mi historia, constato que prefiero recordar las cosas tristes, situaciones conflictivas, pequeños o grandes dramas. Pareciera que fueran todo lo que me ha pasado y no es así. Hay tantos o más momentos alegres, pero no sé por qué no les pongo la atención que a los momentos trágicos. A veces, cuando alguien me pregunta de mi vida y empiezo a contarla, me doy cuenta de cuánto se asemeja a la historia del país: una secuencia de enfrentamientos estériles que no tuvieron sentido alguno.
No es porque eso haya sido así y ahí quedó. Es, más bien, qué escojo contar y cómo. Hay recuerdos a los cuales me aferro, a pesar del daño que me causaron en su momento, que me siguen causando aunque yo me quiera engañar diciendo que ya no me afectan. Hoy los voy a mandar al diablo, que ardan en las llamas. Al diablo con eso. Se acabó. Hasta aquí llegaron.
Me falta espacio en mi pequeña casa espiritual como para darles cobijo. En ellos se esconde el diablo, tienen razón los mayores. Voy a aprovechar las hogueras de hoy para purificarme, para estar listo y celebrar como se debe la humilde esperanza que nace en un pesebre.
imagen: viajeros.com


Manolo Dec 6
Increíble ensayo hermano… Me recuerda también a aquella canción de los Caifanes… “no dejes queeee…”.
Hay mucho más que comentar que por el momento dejaré en el tintero…Por el momento te (les) dejo con una idea, en este mundo lleno de “nueva era” y Dan Brown, cual es la diferencia entre el diablo y los demonios…
wingston gonzález Dec 6
Quemar las cosas que nos minan. Bien, yo creo que nada desaparece. Por lo menos las cosas que he quemado volvieron en forma de ceniza para hacerme daño. Si antes dañaban mi sangre, ahora dañan mis pulmones. Aunque igual, quema lo que puedas romper dice payeras y yo quemé gran parte de mi historia familiar, mi diario, un librito de cuentos y un montón de cosas más. Reconforta pero no sana.
Lorena Dec 8
Nada desaparece. Todo siempre está allí. A veces aprendemos a vivir con ello o aceptamos que están allí y es por eso que pensamos que esas cosas que nos lastimaban se han ido, cuando realmente sólo se han vuelto parte de la decoración.
Alfonso Jan 24
Esto me recuerda a una de las mejores novelas que se han escrito recientemente en Guatemala, acá va el fragmento al que me refiero:
No encontrare a Jenn cuando llegue a casa. Se marchó con la niña. Ha salido de la ciudad.
-I still can not understand como pueden los wuatemaltecos estar orgullosos de una tradición que solo contamina el mundo en que vivimos -me dijo cuando le traté de explicar lo que acontecía cada siete de diciembre en mi país.
-¡Quemar basura! ¡Esa es una costumbre que no debe fomentarse! Se trata de aprender un new sistema de vida para hacerla más agradable, Ernie. -¿Estas de acuerdo con esto? No puedo creer que lo estés. Se trata de la naturaleza y los humanos también. Le estamos haciendo demasiado daño to the planet. Esta actividad no tiene sentido. Lo peor es que, ustedes, como país, aprueban este acto salvaje -me dijo (…)
-Bueno, lo siento. Es parte de mi cultura, de los símbolos que nutren mis recuerdos infantiles, que pueblan lo que llamó infancia, Jenn. Créeme, a veces me duele que no compartamos el mismo cúmulo de eventos, que no coincidamos en una memoria elaborada de las mismas materias primas, que nuestra configuración histórica no sea más que dos corrientes divergentes que solo llegan a encontrarse en el delta de este presente que nos agobia y nos ahoga -digo parado en el umbral de la puerta de la recámara, viéndola como viene y va de los gaveteros a la cama (en donde he colocado la valija y ella la ha abierto), de la cama al tocador, del tocador a un sitio cercano a mi, desde donde me ve con una mirada que se va tornando mansa y reflexiva.
-I like it when you talk like that, Ernesto. Aunque no entienda que cosa estas diciendo. Me gustaria que lo repitieras para ver si ahora entiendo un poco más, dice, cruzándose de brazos, reclinándose en la madera de la puerta abierta.
-Es irrepetible. Mis palabras, Jenn, como mis actos, como los tuyos, son fugaces y perecederos: su tiempo no es el nuestro, aunque se liga cuando nosotros las invocamos y aparecen entonces en el mundo simbólico como un signo, una convención, como una revelación que oculta el designio de los dioses que han enmudecido.(…)
-Tu me contaste alguna vez que cuando eras ninno te gustaba salir a quemar firecrackers (¿cuates?)
-Cu-e-tes, Jenn.
-I still dont understand. ¿A esta costumbre te refieres?
-No. Lo del sabado se trata de algo mas que salir a quemar cuetes. Es el rito que da paso a las actividades navideñas. Es el fuego que debemos invocar colectivamente para llegar limpios a las celebraciones. La quema de la basura es lo evidente. Para conocer su significado debemos estar dispuestos a sumergirnos en lo oculto. Pero es el fuego, Jenn. Alrededor de él, contaremos las desgracias del anno que se va, del ciclo que se muere, beberemos juntos un brebaje preparado con frutas y licor, desnudaremos el maiz envuelto en una hoja y comeremos entonces, nuestro sacramento que no perdona ni salva porque, quiero que lo sepas niña, somos un pueblo condenado por los dioses que abandonamos por una falsa promesa de amor y una historia con la cual era fácil identificarnos porque también a nosotros nos clavaron injustamente en una cruz -digo sintiéndome cada vez menos comprendido.
-¿Ves? Es lo que yo te decia, me dice, sin que yo logre entender de que se trata.
-Mira, Jenn interrumpo, antes de perder la esperanza-, para nosotros las consideraciones acerca de preservar el futuro del planeta no tienen sustento porque no pensamos en la historia como una línea definitiva trazada desde un monasterio para que botemos los brazos en espera de la segunda venida de un Mesias que nos salvará de los daños causaron sus propios seguidores. Nuestro mundo, Jenn, siempre estuvo al borde del colapso. La tierra tiembla y desmorona el trabajo de generaciones; nos empuja a migrar y a comenzar de nuevo. Somos así porque nos asentamos justo sobre el fuego, sobre la boca abierta de los volcanes, sobre el lugar en donde quedo enterrado Cabracán. Sabemos que somos finitos y eso nos regocija. Sabemos que los astros y los dioses se nutren de nuestra sangre, que necesitan nuestro sacrificio. Y las imposiciones ecológicas sobre nuestros eventos culturales no son más que una agresion más de quienes siguen sin respetarnos. ¿O quienes las dictan no son acaso los mismos que causaron este daño que ahora piensan revertir? Soy fuego, Jenn, y por lo tanto seré humo. Que me condenen si quieren. Yo seguiré danzando alrededor de las llamas y construyendo mi vida en las faldas de los volcanes.
-Pero es precisamente lo que quiero ir a ver con la nena, como viven las personas en el altiplano. Yo creo que de esta manera puedo entenderte mejor y darte espacio y tiempo para que trabajes en tus cosas.
-Pues vete y ve. Eso que veras tambien soy yo. Porque de que otra manera te puedo hacer entender, Jenny, estas , dos? sangres que se batallan en los oscuros paisajes de mi interior, con una intensidad pasmosa, una furia dilatada y un aborrecido desequilibrio de fuerza. Esta es mi sangre, amor: una confluencia de torrentes, preñada de discordia.
j_aroche Dec 8
No hay nada de malo en querer limpiar el corazón, lo malo es caer en la falacia que al quemar cosas físicas quedaremos curados de rencores y odios.
Cultura Psicodelica Nov 24
hola somos del crew Cultura Psicodelica,l nosoros en nuestras fiestas vamos a recrear el concepto original de un rave, incorporando musica psicodelica (electronica, rock y reggae) con la cultura de el pais. entonces el 4 de diciembre daremos la primera fiesta “Burning Demons” con tema de la quema del diablo… en la zona 10 (frente a retro bar)y quemaremos un diablo, la entrada costara Q50.0 y tocaran varios Djs. una banda de rock y una de reggae, los esperamos para quemar nuestros demonios tirando party!! somos ambientalistas tambien, estamos a favor de la ecologia, pero es una costumbre, si solo la contaminacion fuera solo de ese dia..todo estuviera bien con el mundo..