Las cartas de mi padre

José Alberto Flores CaballerosPasé una semana sin escribir en el blog. No sé qué pasó. Fue una semana difícil y de muchas actividades. Siempre lo es, para estas fechas. Mi padre murió el 12 de diciembre de 1992 y aún lo extraño. A continuación incluyo la columna que más me gustó escribir para Prensa Libre, hace ya varios años…

Las cartas de mi padre

Ya ni las recordaba, quizá ya ni quería recordarlas. Quise ponerlas de nuevo en la caja donde las hallé: de nuevo en el olvido. Así lo hice, hasta que llegó la noche, la medianoche, el insomnio. Me tuve que levantar, encender la luz, buscar, ponerme a leerlas. Se ha convertido en costumbre para mí comentar textos ajenos, obras publicadas, novelas, reportajes, estudios históricos, ensayos filosóficos, lo que sea. Confieso que nunca he tenido tanto problema para leer algo como lo tuve con esas hojas llenas de esa letra impecable, caligráfica, que tuvo mi padre.

Son cartas que envió cuando estuvo lejos, en Europa, en Estados Unidos, en las distintas oportunidades en las que fue becado. Relatan sus vicisitudes de estudiante con muchos anhelos y pocos recursos; describen sus problemas económicos, detallan una serie de malos entendidos surgidos de las diferencias culturales, a veces dolorosas confesiones de los obstáculos en su vida. La mayoría tienen como destinatario a mi madre; las menos, están dirigidas a mí, que ahora las leo a una distancia mayor a la que él imaginó.

Se dice que las cartas se escribían pensando en el futuro inmediato, en un remitente lejano, pero alcanzable a través de las palabras. Afortunadamente, antes existía este lento medio de comunicación. Se ha ganado y perdido mucho con las llamadas telefónicas, con los correos electrónicos, con las videoconferencias. Mi padre fue de la época en que se escribían cartas y me alegra que así fuera, de lo contrario, hoy hubiera sido más difícil rememorarlo. Mi padre murió hace más de una década en un tonto accidente de tránsito. Durante todos estos años, no lo había leído, había olvidado leerlo. Sus cartas me acercaron de nuevo a él.

Fue como escucharlo, comenzar a entenderlo de nuevo. Como muchos, la relación con mi padre no fue la que yo hubiese querido. A veces era muy rudo conmigo, me exigía más de lo que yo podía darle; era tajante, imposible de satisfacer, a veces me golpeaba. A veces sus palabras o su mirada era lo que yo necesitaba para saberme apoyado, me estimulaba a salir adelante, me orientaba, me patentaba una torpe pero adorable ternura. Me costó aceptar su muerte, justo cuando comenzábamos a ser amigos, después de haber pasado años en la clásica pelea padre contra hijo. El tiempo alivia todos los sufrimientos, es cierto. Y supe, no siempre, recordar las lecciones que me dio para salir adelante.

Durante mucho tiempo pensé que me había educado de la forma como lo hizo porque sabía que no iba a llegar tan lejos como hubiese querido, me tenía que preparar para estar solo y aprender a enfrentar la vida de esa manera. La relación con mi padre no fue la que yo hubiese querido tanto como la relación que mi padre tuvo conmigo no fue la que él hubiese querido. Me llevó años entender que esa relación, con sus dificultades, era la única que teníamos, y que tenerla era uno de las mayores tesoros que la vida nos ofrecía.

En tardes como ésta me da por extrañarlo, por añorar su voz del otro lado de la línea, de estar frente a su mirada, de gozar de sus breves y torpes abrazos. Me duele aun haber hecho las paces tan tarde en nuestras vidas, pero me alegra saber y recordar los buenos momentos que hubo entre ambos; su sonrisa, cada vez que lo acompañaba a hacer deporte o al cine, su discreta aprobación cada vez que le pedía que me comprara un libro. Vivimos tanto y tan poco juntos. Sus cartas me devolvieron su voz, la oportunidad de charlar con él, a pesar de la distancia y el tiempo. Creo que apenas comienzo a conocerlo y a valorar en su justa dimensión el inmenso esfuerzo que hizo conmigo, para comprenderme.

No es fácil ser hijo de alguien y mucho menos ser padre. Ambas son tareas complejas. Y con frecuencia le ponemos tan poca atención, tan poco esfuerzo… Sin embargo, quizá sea el único esfuerzo que nos forjan de verdad, que tienen un genuino significado.

12 comments

  1. ale Dec 18

    Este ha sido quizá el mejor escrito que te he visto, a mi parecer desde luego, quizá porque tengo un enorme empatia por los sentimientos de vos hacia tu padre, en los mios hacia mi viejo.
    gracias por compartirlos

  2. Luis “Duffman” Dec 18

    Un par de rolitas acompañarían a la perfección, la lectura de esta entrada: “Cat in the craddle” de Cat Stevens, “La Decisión”, de Ekhymosis, o incluso “Release” de Pearl Jam. Una gran columna, recuerdo su publicación luego de tu regreso. Es bueno recordar a los que están aunque se han ido. Un abrazo.

  3. Luis Dec 18

    Otra rolita más reciente todavía, “Welcome to the black parade” de My Chemical Romance: “When you’re gone we want you all to know we’ll carry on, we’ll Carry on
    Though your dead and gone
    believe me
    your memory will carry on
    Carry on

    We’ll carry on

  4. wingston gonzález Dec 19

    Tu padre se parece mucho (físicamente) a tí. Cuando ví la foto, pensé, ese ha de ser Ronald. Así de simpático. Qué bonito artículo. Me causó cierta emoción, quizá porque también recibía muchas carta de mamá, y me hablaba de todo, desde acordarme de rezar, comentarios sobre poemas hasta qué hacer en esta u aquella situación con una novia neurótica. Sí, qué bonito y emotivo artículo.

  5. Lorena Dec 20

    Así es, idéntico a su papá… a mí nunca me deja de sorprender cómo se parecen los padres a los hijos -a pesar que yo sufro del mismo ‘mal’ con mi mamá-

  6. javito Dec 21

    desde hace tiempo imaginé la sombra de tu padre como una especie de retrato de sala. sobre todo porque es la habitación de la soledad y de los retratos que caen de las paredes para restallar sobre el piso dejando vidrios rotos y liberando las almas aprisionadas dentro de de las fotos. así es, una foto de nuestros padres de cuerpo entero, nosotros, nuestras cicatrices. sublime broder, sublime

  7. Lorena Flores-Moscoso Jan 2

    A veces uno se apropia de las anécdotas de otros, a tal punto que dejas de poner en duda que no son tuyas. Los recuerdos de mi padre residen únicamente en lo que logro recordar y la memoria de mi madre que es casi inagotable y me ayuda a establecer que me he inventado o modificado y que no. No tengo nada escrito más que la dedicatoria en los libros que me regaló y lo lamento terriblemente. Quisiera tener algo más tangible para evocar sus palabras. Imposibilitada por la tristeza que me causa me niego a escribir los relatos que recuerdo. Para mi y mis hermanos los hermanos Grimm se quedaron cortos, papá hizo para nosotros cuentos muchos más intensos llenos de fabulosos personajes.

    A medida que el tiempo transcurre esto recordar es aún más difícil aunque el tiempo también es generoso y nos ayuda a no sentir con la misma intensidad el dolor de la ausencia. Yo nací cuando mi papá tenía 50 años, nos separaban casi dos generaciones de diferencia, lo que hizo la convivencia a veces un poco áspera pero nada que no se pudiera solventar con un beso y un abrazo. El relato acerca de las cartas de tu padre me hizo irremediablemente rememorar al mío. Dentro de un tiempo, con suerte pueda escribir sus historias en forma de una epístola y culpar al correo por la tardanza

  8. napoli Mar 13

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  11. José Roberto Leonardo Sep 3

    Ronald, sin duda un texto muy emotivo. Se me hace imposible no compararlo con mi padre(que aún vive)y con el que ha pesar de las barreras generacionales que nos dividen he encontrado a un hombre que me orienta y me ama, con esa torpeza de hombre rudo pero a la vez cariñoso que tienen algunos hombres mayores. Te cuento que me fue imposible contener una lágrima(aunque esto suene tan meloso y cursi) pero ni modo, la memoria da plácida estancia al recuerdo y así, esta se cobija con la nostalgia. Todo esto me recuerda también aquél poema de Jaime Sabines que habla sobre la muerte de su padre: “Algo sobre la muerte del mayor Sabines”. Saludos y vamos…que hace falta recorrer tanto

  12. mariela Jul 20

    felicidades uds a hecho un gran trabajo.

Comentario