Méndez, crítico centroamericanista January 24
Recientemente, mencioné que el doctor Francisco Alejandro Méndez es un gran conocedor de la literatura centroamericana. Después me quedé pensando de la tan chapina costumbre de realizar afirmaciones como la anterior, sin ninguna prueba tangible de los méritos atribuidos al elogiado.
En Guatemala, abundan ejemplos de auto-denominados intelectuales que jamás han publicado (en forma de libro o artículo académico) su pensamiento sobre el tema en que reclaman expertaje. Tan sólo se limitan a “parafrasear” a los autores que dicen haber leído (por lo general a otras personas que escucharon hablando del autor que dicen haber leído).
Existen críterios de validación del expertaje teórico, como son los títulos académicos o las publicaciones calificadas. Los títulos académicos no lo son todo, pero documentan cierto aprendizaje personal dentro de procesos coléctivos normados.
Las publicaciones calificadas, que pueden provenir de un auto-didácta, también pueden evidenciar los resultados de la reflexión sobre un tema específico. Muchos en Guatemala, ni lo uno ni lo otro, pero pretenden que los demás los reconozcan como lo que dicen ser y sino se enojan.
Afortunamente, éste no es el caso. Francisco Alejandro Méndez no sólo tiene un doctorado interdisciplinario en Artes y Letras en América Central por la Universidad nacional de Costa Rica, sino que en menos de un años publicó dos ensayos importantes sobre literatura centroamericana:
“América Central en el ojo de sus propios críticos: Una visión desde adentro hacia una literatura desde adentro” (Universidad Rafael Landívar, 2005), título que incluye una serie de ensayos de críticos centroamericanistas el cual Méndez participó como ensayista y editor, y “Hacia un nuevo canon de la vanguardia en América Central: Urdimbre de textos acromegálicos, invisibilizados por los discursos críticos” (Editorial Cultura, 2006).
“América Central…” funciona como la primera reflexión sistemática sobre la generación que inicia a hegemonizar el espacio literario en el istmo (tanto a nivel crítico como a nivel creativo), cuyos miembros nacieron a finales de los años 50 y a principios de los convulsos años 60.
Iris Cháves, por ejemplo, reflexiona sobre “Crónicas suburbanas” de Méndez; Méndez escribe sobre la extensa novela “El más violento paraíso” del costarricense Alexender Obando, “El Desencanto” de Jacinta Escudos, “Baile con serpientes” de Castellanos Moya y “Managua Salsa City” de Franz Galich; Héctor M. Leyva presenta un provocador ensayo “Narrativa centroamericana post noventa: Una exploración preliminar” en la que destaca, a parte de los ya mencionados, a Julio Valle Castillo, Carlos Cortés y Rodrigo Rey Rosa.
“Hacia un nuevo canon…” pretende establecer una nueva lectura de lo que fueron las vanguardias en Centro América. Méndez señala el propósito de su ensayo: “contrariamente a lo sostenido por muchos críticos, de esta región han surgido escritores que publicaron tempranamente (antes de 1916) textos narrativos con características vanguardistas” ( p.11). Para ello, se detiene en el análisis revisionista de algunos autores clásicos como Rubén Darío, Rafael Arévalo Martínez, Rogelio Sinán, Max Jiménez y Luis Cardoza y Aragón.
Si bien “América Central…” se concentra en los escritores centroamericanos de finales del siglo XX, “Hacia un nuevo canon…” lo hace con escritores de principios del mismo siglo. Si bien en “Hacia un nuevo canon…” se recorre un camino por demás establecido revisando textos de autores consagrados, en “América Central” existe cierto afán crítico por el riesgo al intentar enfrentar desde la teoría el evanescente y complejo momento actual.
Ambos son trabajos meritorios que precisan de lectura y una reflexión más detenida, pues permiten una mirada hacia la literatura centroamericana, por lo general vista de menos en los espacios académicos en donde predominan la mexicana, argentina y caribeña. En este sentido, el doctor Méndez contribuye al conocimiento y apreciación de una vasta literatura, aún por descubrirse por los centros hegemónicos de la cultura.


MayFren Jan 24
Méndez es uno de esos casos en los que luego de una “natural”, espontánea y tenaz incursión en la literatura, como pasión y como práctica cotidiana -la vida alrededor de esta-; decide formarse teórica y metodológicamente, al más alto nivel, para poder decir “esta boca es mía” y tomar el lugar que le corresponde en esa jungla pseudo intelectual en la que han pesado más los conectes y los padrinazgos de las vacas sagradas, hasta hace poco inamovibles, que la capacidad. Hoy, con aportes como los de Méndez, Payeras, Flores, Mills, Hernández de López, Gutiérrez, Morales Barco y otros escritores/as con fuerte compromiso académico, asistimos a una renovación del campo literario guatemalteco en su práctica, análisis, difusión y proyección hacia el futuro.