Visita de cortesía

CaféAyer nos reunimos con un grupo de amigos. Discutían acerca de una visita inesperada que recibiría uno de nosotros. El aludido se sentía nervioso y pedía consejo.

El asunto era sencillo. Por la mañana la suegra lo llamó y le dijo que tenía rato de no saber de ellos y le gustaría verlos, si podía llegar a cenar. “Claro”, le dijo él, “esta es su casa”.

Horas después, él y sus amigos especulaban sobre la verdadera intensión de la visita. Armaban todo tipo de conjeturas. Qué querrá.

Talvez decidió heredar en vida y llega para anunciarle a tu mujer a cuánto asciende su bondad. Vos en lo que estás, talvez está enferma y llega a pedirles prestado para la operación.

A lo mejor tiene cáncer. A lo mejor sospecha que vos no estás tratando bien a su hija. Talvez encontró a alguien y se va a volver a casar. Se va de viaje… llega a inspeccionar… O a contar que va a ser abuela por tercera vez.

Total, ese era el tono de la conversación. Tenía prisa y no pude quedarme a chismear.

Al día siguiente encontré al amigo y le pregunté cómo le había ido con su suegra. “Bien”, me compartió. “Tenía ratos de no llegar a la casa y quería saber cómo estábamos. Hasta nos llevo un pastel de los que me gustan y platicamos un buen rato”.

2 comments

  1. julio Mar 14

    Esto nos enseña que muchas veces sobredimensionamos las cosas y a veces mal juzgamos las intenciones de las demás personas. Total, aunque hubiera sido cualquiera de esas cosas, no creo que se haya puesto a buscarle solucion a cada una de ellas…

  2. Renata Avila Mar 14

    Esa historia suena tan a copia tomada de “El libro de la risa y el olvido”. Solo que desde la superficie en la cerrada atmósfera de los hombres casados (cazados?) chapines.

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