KULCHUR August 22
Javier Payeras reflexiona sobre el cambio cultural que vive el país en su columna de Siglo XXI, publicada hoy, que incluyo en este post. El tema amerita debate.
El cambio, talvez inflexión, que experimenta la cultura en Guatemala no sólo sucede a un nivel estético, sino que también a un nivel generacional. Por fortuna, existe un intercambio silenciado entre la generación hegemónica y la emergente. En particular, entre sus más destacados exponentes.
La resistencia a este inevitable relevo generacional la han llevado a cabo los miembros menos talentosos de la generación hegemónica actual, aquellos que consideran que el reconocimiento no se otorga por la calidad de la obra sino que se lo merecen quienes han sobrevivido, los que vienen leyendo el mismo poema o el mismo cuento desde hace años, sentados en sus laureles, viviendo de las glorias de antaño.
El cambio generacional en la cultura favorece a todos. El campo se amplía y tienen cabida nuevas propuestas. Incluso con la publicación de “Aldeas tus ojos” se puede pensar que la última generación literaria, que alguna vez se pensó como X, comienza a reconfigurarse, a ampliar los límites interpretativos que la fijaron como un fenómeno de la postguerra.
La X pierde peso semántico y fluye. Sus confines se expanden y la tradición literaria guatemalteca se enriquece con nuevos protagonistas. Por fortuna, la evidencia convence a casi todos.
A continuación, transcribo la opinión de Payeras:
Kulchur
Para M.M.T. (1911-2003)
Mis queridos colegas columnistas y críticos de la cultura: algo importante está sucediendo. Fuera de su galvanizado círculo de cronistas melancólicos, una jauría de creadores y gestores culturales llenos de melanina y sin tanto bla, bla, bla, están atrayendo a un público creciente y heterogéneo.
Así es dulces chambelanes de la coherencia ideológica de aeropuerto y del atildado sarcasmo criollito, siento confesarles que no comprendo sus ataques de puritanismo a-go-go contra esta época, ni esa perdida capacidad de asombro por creadores mucho más jóvenes que, al leerlos a ustedes, se encuentran con los nuevos reaccionarios de siempre.
Es inevitable el surgimiento de una post-Guatemala y el arte es un sismógrafo. Se dan desplazamientos que los científicos sociales percibirán mucho tiempo después.
Ojalá y ustedes se den cuenta que la cultura es algo en transformación, que ser vigente es leer una realidad que nos supera segundo a segundo, que la tradición es cambiante en una permanencia y que el arte no es una certeza ni un oficio quietista.
Mario Monteforte Toledo, el intelectual más joven que he conocido en este país, me dibujó una manera de ver mi propia obra: reconociendo el trabajo de los demás.
Tiempo después de su muerte entendí que la vigencia de este gran escritor sigue siendo la generosidad que demostró con el talento emergente, por eso se le lee, se le echa de menos y le dedico estas muy sinceras líneas a casi 4 años de su partida.
(Javier Payeras, Columna EL INTRUSO, periódico Siglo XXI, Guatemala 22 de agosto 2007).
Foto: Salfa


alfa Aug 22
Ayer tuve la oportunidad de asistir a una presentación de libros, en la cual, nuevos escritores guatemaltecos, tuvieron a bien, leer sus poemas y cuentos.
Lo interesante de la presentación, fue el uso de los recursos audiovisuales y el teatro. He sido testigo de muchos presentaciones de libros y lecturas de poesía. Pero como expresa Javier en su columna, las cosas están cambiando.
Creo que los jóvenes con pretensiones de ser escritores, están cansados de buscar la aprobación y aceptación de los escritores canonizados. En lo personal, he tenido a dichos escritores como catedráticos y puedo decir que dejan mucho que desear en términos académicos y lo que más molesta es que ellos creen tener la última palabra.
Comparto lo que dice Javier con respecto a valorar el trabajo de los demás. En nuestro país, la crítica literaria, muchas veces se respalda en los 20 libros que el escritor tiene en la cabeza, pero no ha escrito. En el número de veces al mes que asiste a determinados cafés, con libro en mano, ojea los mismos libros de la estantería y posa en la mesa de siempre, como queriendo ser parte de la colección de monumentos del lugar, la cual todos reconozcan al entrar.
Admiro, el coraje de los nuevos escritores, principalmente los “clasemedieron” como yo, que se atreven a plasmar en el papel, la realidad que los asfixia. Una realidad quizás brutal para los acostumbrados a leer los clásicos, pero es la que nos engendró. Felicito la reacción del columnista ante está realidad, digna de reflexión. Saludos.
Edson Aug 24
Interesante columna, y con mucha razón. Lamentablemente en Guatemala en casi todo (lease área profesional, religiosa, academica, deportiva, etc)aparecen “las vacas sagradas” que muchas veces rechazan los nuevos valores. ¿Será esta una manifestación del temor a que su obra sea desplazada por una de mejor calidad?.
Sin embargo hemos de reconocer que en la generación hegemónica, hay excelentes escritores de los cuales todos aprendemos, y que siempre tuvieron la conciencia (y también la anuencia, que es lo importante) a este cambio generacional. Para mi gusto, comparto con Javier que Mario Monteforte Toledo es un digno ejemplo de ello.
Saludos.