The Wars by Timothy Findley August 29
Recién concluyo “The Wars”, la novela de Timothy Findley (Canadá, 1930-2002), un clásico contemporáneo de la literatura canadiense.
Me encantó su economía narrativa y su sabiduría lacónica. Es la educación sentimental de Robert Ross y su incursión en la “Guerra para terminar todas las guerras”, el eufemismo con que se denominó entonces a la que ahora se conoce como Primera Guerra Mundial. También la enigmática relación de Ross con los caballos.
La novela fue publicada originalmente en 1977 y se ha convertido en una referencia identitaria en Canadá, pero también puede generalizarse a los países cuyo habitantes se han involucrado en una guerra. Lo que impresiona es la precisión estilística de Findley o, como sintetizara Manolo Romero, “his narrative craft”.
A pesar de los hechos tristes que enfrenta Ross, Findley logró narrarlos de una forma bella, reflexiva, melancólica. Algunos pasajes están impregnados de niebla, literalmente, y talvez por ello persisten en la memoria.
Contiene reflexiones sustanciosas como las siguientes:
“I must admit to a lifelong love affair with curiosity” (p.145)
“Someone once said to Clive: do you think we will ever be forgiven for what we’ve done? They meant their generation and the war and what the war had done to civilization. Clive said something I’ve never forgotten. He said: I doubt we’ll ever be forgiven. All I hope is – they’ll remember we were human beings” (p. 162).
“The Wars” de Timothy Findley es una novela corta pero realmente sustanciosa.
Findley, Timothy. The Wars. Canada: Penguin, 2005. 198 pages.


Manolo Aug 30
Pues lamentablemente las guerras no terminaron con la primera guerra mundial. La frase que tomás de The Wars acerca de acordarnos que los participantes en enfrentamientos armados son seres humanos es tristemente relevante en el mundo actual y particularmente en la Guatemala de la post-guerra.
Acaso los de un lado se ven cómo más humanos como los del otro, no lo sé. Acaso quienes estuvieron en medio de los bandos son más humanos que quienes siguiendo órdenes y/o con saña apretaron el gatillo… todos contamos con 23 pares de cromosomas así que nadie es más humano que el otro…
En cuanto a la identidad que se forjó a través del compañerismo y el trauma de los jóvenes que como Ross representaron a esta colonia británica que es mi segunda patria: Mi esperanza es que algún día surja una identidad guatemalteca, que haya algo que nos una como nación o al menos como estado. Espero que no sea otra guerra…