Un hermoso paseo por Carmen Matute

Carmen MatuteDecía el cubano Alejo Carpentier en uno de sus ensayos que para encontrar sus propios temas, el novelista debía volver los ojos hacia “nuestra América”, donde el pasado pesa tremendamente sobre el presente.

Traigo su pensamiento a esta mesa porque Ronald Flores en su libro Un paseo en primavera, no sólo vuelve sus ojos hacia América –concretamente, hacia este hermoso país llamado Guatemala –sino también nos muestra parte de ese pasado palpable diariamente, que podemos vislumbrar en las ruinas de un Tikal, por ejemplo, pero también en el uso de idiomas anteriores a la conquista y en costumbres y tradiciones ancestrales.

La realidad de otras tierras, otro paisaje, otras vegetaciones, de las que hablaba Carpentier, son en este libro una presencia constante a través del pensamiento y las reflexiones que Raymundo Campos irá haciendo a lo largo de un viaje, como guía de turistas de un grupo heterogéneo por tierras guatemaltecas, y que nos dará como producto final una gran pintura de la realidad circundante.

unpaseoenprimavera Un hermoso paseo por Carmen MatuteAquí también me gustaría añadir que esta novela de Ronald se aleja de las anteriores escritas por él, para incursionar decididamente en el tema del amor, o más bien, del desamor.

Lo cierto es que el amor, ese tema tan caro a la literatura y al arte en general, es verdaderamente abarcador en esta novela. Desde el puro amor carnal, el erotismo, el sexo, hasta la búsqueda del verdadero amor, que precisamente será un anhelo intenso que llevará al protagonista a sentir una especie de vacío.

Por supuesto, desde el principio será Raymundo Campos –Rey– el que atrape nuestra atención, pues él es no sólo el verdadero protagonista, sino también es un tipo único, “un guía turístico singular”, como se nos dice en la contra portada del libro; pero además es un personaje que, siendo universal reúne a la vez determinadas características en las que podemos reconocer muchas propias del guatemalteco.

Rey es un hombre con una historia bastante común, que persigue su pequeña felicidad doméstica y sueña con una mujer que reúna las cualidades necesarias para que finalmente pueda asentarse en algún lugar y tener un hogar. En muchas formas es un soñador, aunque es necesario decir que no hace mayor cosa para lograr lo que anhela.

El primer capítulo, que se inicia prácticamente con la presentación de Raymundo Campos, pronto nos da su propia visión del mundo, de su entorno, teñidas por la ironía que maneja hábilmente y que lo destacan del común de los mortales, como suele decirse, aunque él mismo sea bastante común.

Rey espera a un grupo de turistas en el aeropuerto de Flores, Petén, y mientras llega el avión se dedica a reflexionar sobre muchas cosas comenzando por su propio deseo de encontrar el amor, no solamente esos encuentros llenos de erotismo que lo hacen disfrutar en diferentes camas pero que al final apenas le dejan un recuerdo.

Durante la espera se dedica a observar su entorno y se burla bastante del aeropuerto en que se encuentra, describiéndolo como una “galera de láminas de zinc corrugado y planchas de madera prensada”, con lo que nos indica claramente la precariedad de las instalaciones a la vez que mira “las cómicas maniobras” que realizan dos empleados para acercar las escaleras –“una rústica estructura de metal con rodos”– al avión que recién ha aterrizado.

El poder de observación de Rey lo lleva a pensar que ese jalar y empujar de los empleados para lograr acomodarla, semeja el juego de “dos infantes batallando con un juguete desproporcionado”. Luego, la frase contundente, un poco amarga: “Parece chistoso, pero no lo es”.

De ahí en adelante, el lector siempre va a estar atento a lo que piensa y dice Rey, y también va descubriendo que no es tan sencillo como parece. De vez en cuando el autor nos da pistas sobre este hombre, que a pesar de haber llevado una vida bastante azarosa tiene cualidades que no se dan fácilmente, como la delicadeza. “Me sentía impropio y estorboso” dirá cuando encuentra a Barbara Steward sollozando en medio de la noche y se preocupa porque no desea interrumpirla en un momento de íntimos recuerdos.

A veces, incluso, nos será difícil aceptar que este hombre que se dedica a un oficio nada complicado como ser guía de turistas, es una especie de filósofo natural, alguien que inspira la suficiente confianza para que los turistas de su grupo se acerquen a contarle algunas historias de su propia vida. Tal vez porque, a pesar de ser un “play boy”, un soltero que se dedica a disfrutar la vida sin mayores complicaciones, los demás pueden intuir su naturaleza bondadosa.

Cuando Raymundo Campos, “Rey”, este personaje de novela se va perfilando a través de sus pláticas con los demás y nos muestra su forma de pensar, no podemos más que admirarlo por su clara perspectiva sobre diversos acontecimientos políticos o históricos, por su tolerancia, por esa forma filosófica de entender la vida. Por momentos no parece un joven, tanta es su sabiduría.

Innumerables veces este personaje tan novelesco me hizo recordar alguien que conocí en la vida real: un chofer de taxi que trabajaba en la ciudad de Los Angeles. El hombre hablaba tres idiomas, y había viajado extensamente. Había jugado en el casino de Montecarlo y en varias ocasiones asistió a las grandes fiestas de los Kelly en Filadelfia.

Mientras conducía su taxi a veces sorprendía a sus clientes contándoles historias de algún país remoto, en una forma tan vívida que uno no podía dejar de preguntarse quíen sería en realidad aquel viejo. El jamás mencionó que en su país de origen había dilapidado tres fortunas: la de su abuela, la de su madre y la propia.

De manera pues, que los personajes de las novelas por increíbles que nos parezcan, estarán ligados no sólo a la imaginación del escritor sino también a una realidad muy parecida a la ficción. Rey Campos es uno de estos personajes.

En Un paseo en primavera también pronto nos daremos cuenta de que el grupo de turistas guiados por Rey está compuesto por individuos que tienen un alto grado de educación formal, pero que al mismo tiempo comparten historias personales trágicas, tristes, que los han marcado en una u otra forma, y que cada uno de ellos contará en su momento a Raymundo Campos.

La narración de los relatos más inesperados, que los turistas en determinados momentos harán a Rey irán agregando interés y una dinámica especial a esta novela, en la cual el autor aprovecha además el viaje para irnos contando sucesos históricos de nuestro país, o hacer descripciones de los bellos parajes que visitan, o hablar de la rica gastronomía guatemalteca. Lo cierto es que el recurso que usa Ronald para narrar en su prosa impecable varias historias que no se relacionan entre sí, es siempre una forma que atrapa al lector, que captura una y otra vez su atención.

Algunos de los personajes aportarán a la narración, aspectos inusitados sobre la historia reciente de nuestro país. Por ejemplo, Marina, la rusa, en su demoledora plática con Rey, entre otras declaraciones contundentes hará la siguiente:

“En honor a la verdad, no hubo un enfrentamiento de fondo sino que mas bien un sórdido pleito entre caudillos sanguinarios, una mera disputa por el poder entre machos embravecidos. De hecho, varios personajes nunca llegaron a tener tropa pero acumularon un desmesurado resentimiento y una actitud delincuencial que enmascararon detrás de una coartada ideológica”.

Y así continuará desmitificando a los líderes y al conflicto armado.

Presentación Un paseo en primaveraCasi al final de esta novela, encontramos una frase muy sencilla, muy poética y gran hondura: “La vida, este hermoso paseo”. Es de nuevo Rey, que ya nos ha sorprendido con sus reflexiones, quien la dice mentalmente mientras “camina, observando a las personas que pasan a su lado, vagabundeando, en pos de aquello que no encuentran”.

En estas pocas líneas, en este fragmento, se diría que se resume el libro, pues Un paseo en primavera es la historia de un viaje por Guatemala que al final nos brindará un retablo de personajes que llevan consigo sus tragedias, sus tristezas y alegrías, mientras caminan por ese “hermoso paseo” que es la vida.

Foto de Carmen Matute: artepoetica.net
Foto de la presentación: salfa

1 comentarios

  1. ale Sep 28

    Ronald, leyendo el comentario de Carmen, y los anteriores por Margarita Carrera y Javier Payeras, ya te tengo en mi lista de “libros por comprar cuando llegue a Guate.”

    Además de alegrarme ante la promesa de nuevas lecturas, me encantó leer a Carmen, a quien le tengo mucho cariño desde la conocí hace, uf, ya casi 10 años.

    Saludos y felicitaciones

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