Cultura criolla en Guatemala

El escritor criollo del siglo veinte guatemalteco fue, parafraseando a Chinua Achebe, una suerte de escritor europeo incompleto. En el mejor de los casos, aspiraba a llegar a ser considerado dentro de la tradición europea (la provinciana tradición europea que pasa por universal). Publicar en Europa representaba la prueba irrefutable de la calidad de su obra.

El criterio criollo de la cultura hegemonizaba la cultura nacional, invisibilizando otras modalidades de expresión provenientes de indígenas, mujeres, mestizos y demás. Luis Cardoza, por ejemplo, en GLM se limita a mencionar el aporte o contribución a la tradición literaria guatemalteca de otros hombres criollos.

Algo similar ocurría con otras expresiones artísticas. Durante buena parte del siglo veinte, el gobierno patrocinaba, por ejemplo, el ballet clásico (la imitación local de las formas europeas) pero no las danzas indígenas tradicionales. Este error fue reiterado durante el resto del siglo veinte.

El criterio criollo establecía, a grandes rasgos, que lo que se hacía en el exterior (particularmente Europa) era cultura y lo que se hacía en el interior del país era folklor. De tal forma, la ciudad era el epicentro de la cultura “nacional” y lo que hacían los criollos era considerado “arte” (contrastado con la “artesanía” de indígenas y mestizos).

Esta noción colocaba al artista guatemalteco criollo en una disyuntiva fatal: lo suyo no era cultura (“europea”) ni folklor (“indígena”). Acaso por eso, varios criollos intentaron subsanar esta disyuntiva al trasladarse hacia Europa. Gómez Carrillo, Asturias y Cardoza representan esta tendencia. Ninguno de ellos, por distintas razones, regresó a contribuir al país de forma definitiva. Muchos consideraron esa distancia, como símbolo de “pureza”.

En la noción criolla de la cultura, mezclarse con la realidad del país, con su atraso y sus múltiples intentos de avanzar, era mal visto. Se consideraba que “afuera” el artista podía “crear”. Si el artista regresaba al país, su misión, cual Prometeo, era propagar lo que había conocido afuera (labor extranjerizante).

Pocas veces este desplazamiento “tipo Ulises” produjo una reflexión sobre las contradicciones creativas entre metrópoli y periferia, entre Europa y América. Pocas veces estos artistas se dedicaron a propagar la cultura guatemalteca durante sus estadías europeas. Es decir, sólo funcionaban en una vía: de Europa hacia América.

Algunos artistas incluso nunca estudiaron formalmente en el extranjero. Les bastaba sentarse a platicar en los cafés de París, en el mejor de los casos. Sin embargo, en la limitada noción criolla de la cultura, su estadía en el extranjero les garantizaba una postura privilegiada de “ilustrados” al retornar. A esta fugaz estadía extranjera, hasta le llamaban, de manera cómica, “abrevar de las fuentes”.

El mundo contemporáneo ha tornado anacrónica esta bipolaridad excluyente entre exterior, interior. Los aportes teóricos de la postmodernidad y el postcolonialismo ha permitido descentralizar y horizontalizar la rígida noción cultural criolla que prevaleció durante la modernidad.

En el caso de los artistas, escritores latinoamericanos ya no es necesario, como lo fue durante el período colonial, ver sólo hacia España (o Europa). La postmodernidad permite que el único referente no sea España sino que podamos tornar la mira, por ejemplo, hacia otras latitudes (América misma), hacia otros puntos de intercambio.

Lo relevante del debate reciente sobre el periodismo cultural fue la lectura fallida que hizo del complejo momento cultural que vive Guatemala (más allá de la capital). La tarea del crítico, nos recuerda Edward Said, debe ser encontrar y expresar aquello que ha permanecido oculto debajo de la compasión, del descuido o de la rutina.

En Guatemala, la elite intelectual siempre ha estado dispuesta a criticar a la sociedad y señalarla por su pensamiento y práctica de exclusión en términos de clase, etnia y género. Pero nunca ha estado dispuesta a considerarse parte de esa sociedad que critica.

Talvez sea esa la lección más importante en este reciente intento de diálogo: en qué medida quienes ejercen alguna función cultural están dispuestos a seguir reproduciendo la noción y la práctica de exclusión o en qué medida están dispuestos a cambiar y mejorar.

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5 Responses

  1. Manolo dice:

    Este desdén que los criollos/ladinos tienen hacia “el otro” también crea una sobre-estimación de lo producido por aquellos que son parte de la élite. Un ejemplo es el considerar ‘artesanías’ como el repujado (tan de moda en los 90s entre cierta élite social), el bordado, etc como “ARTE” y compararlo con la labor de escritores, escultores, pintores, etc. Mientras que muchas obras de arte son consideradas artesanías por ser producidas por indígenas.

    Puedo hacer también una analogía entre lo que hablás sobre los “Prometeos” del arte que regresan con la iluminación del extranjero y muchas carreras profesionales y la sobrevaloración no sólo de los títulos extranjeros, sino del extranjero en sí. Varias veces he descrito (en mi papel de informante nativo) a Guatemala no como un país xenófobo, sino xenófilo (rayando en el malinchismo).

    Para terminar mi largo comentario, he estado reflexionando sobre la diferencia entre la actitud post-colonialista que puede originarse en otras latitudes (Africa y el Asia del Sur, e.g. India) y la propuesta dentro del marco Latinoamericano/Guatemalteco en el cual un grupo de “intelectuales” (e.g. nosotros) poseemos una dualidad entre el colonizado y el colonizador.

    No he podido sobreponerme a la idea de tener que enfrentarme con la parte de mí mismo que representa al colonizador para poder validar la parte de mí que fue colonizada… las dicotomías, cómo insiste ingenuamente mi hermano, no son la solución, pero no podemos olvidarlas o negarlas, particularmente cuando son parte integral de uno mismo.

  2. Ronald dice:

    Gracias por tus siempre valiosos comentarios Manolo! Justamente, intenté llamar la atención sobre esta sobrevaloración del extranjero desde lo “nacional” y las diferencias sobre lo “postcolonial” en diversos contextos. De nuevo gracias y perdón la demora en responder…

  3. thelma de paredes dice:

    pues me parece que sus lecturas estan bastante atrasadas. los analisis sobre la “blancura” que hace Ramòn Gonzales Ponciano y cuya ponencia tiene ya casi 10 años, unida a los estudios sobre imaginarios sociales de AVANCSO y los libros de Casaus Arzù, explican muy bien como, incluso el indìgena geneticamente “puro” (para la ciencia eso es totalmente discutible, ya que las diferencias genèticas son casi imperceptibles entre razas) se “blanquea” al acceder a las condiciones que el imaginario identifica como “caracterìsticas” de la misma: posiciòn ecònòmica y en cierta medida: ropa y “accesorios”. no es necesario ser WASP para portarse como tal. pero como ud debe estar muy bien familiarizado con el habitus de bordieu no le deberìa causar problema la interpretaciòn de lo que internaliza la blancura en la sociedad guatemalteca.
    no es raro, pues, que un plato de porcelana o una pieza de bordado realizado por una mujer de la zona 14 (independientemente de su adscripciòn genètica) sea exhibida como arte. y que las piezas de artesanìa, sean ridiculizadas como expresiones de lo bajo, algo que vargas llosa pone en boca de don rigoberto en una de sus novelas. (por cierto, don rigoberto es ese criollo latinoamericano al que le costò un gran esfuerzo “no enterarse de lo que pasa en el perù”)
    como ve, tambièn los autodidactas nos ponemos metas màs altas que las de los acadèmicos. y mi maestrìa es en epidemiologìa

  4. Voy a tener que estar en desacuerdo con tu caracterizacion de por lo menos Asturias y Cardoza (de Gómez Carrillo puede que tengás razón, pero de nuevo, él era más del Siglo XIX). Si la crítica era por no vivir en Guate, no se vale porque Guate simplemente se ve mejor desde lejos. Ciertamente no implica que no se esté mentalmente en Guate, ni que se deje de “contribuír en forma definitiva”.

    De Asturias basta decir que no le salió el Nobel en una caja de corn flakes. Me parece una ingratitud tremenda sugerir falta de originalidad de su parte (el mayor crímen que el artículo sugiere). Leyendas de Guatemala, Hombres de Maíz y El Señor Presidente por ejemplo, fueron “contribuciones definitivas” que presentaron al mundo la estética literaria de Asturias como algo completamente original y 100% guatemalteco (ni criollo ni extranjerizante).

    De Cardoza y Guatemala, Las Líneas de su Mano, una sublime mezcla de prosa y poesía que describe con una precisión fotográfica la cuarta dimensión de la quintaesencia cultural guatemalteca(de nuevo, nada criollo por aquí), el capítulo del mercado es más que suficiente para rebatir la acusación.

    Al final tanto Asturias como Cardoza lograron para sí mismos lo que debería ser el objetivo más preciado de todo artista: la creación de un paradigma estético propio. Si la crítica se orienta al trato de “ilustrados” que “la sociedad” de entonces les dió (a ellos y a otros menos famosos que tomaron café en París), no es justo extenderla ni a los autores ni a sus obras. Estas han sobrevivido los tiempos y en mi opinión hablan elocuentemente por sí mismas.

    El verdadero problema de las letras guatemaltecas (y todo lo demás) es simple atraso. Hasta ahora se están viendo intentos por llenar las tremendas brechas causadas por la aniquilación del humanismo Arevalista en 1954. Cinco décadas de atraso son dolorosamente obvias.

    Y para terminar: “La tarea del crítico, nos recuerda Edward Said…” ¿No te parece irónico citar a un extranjero cuando criticás la necesidad de validación extranjera de los escritores chapines?

    Saludos

  5. Ronald dice:

    @Thelma, existe una diferencia sustancial entre los crillos católicos guatemaltecos y los WASP (White Anglo-Saxon Protestants), cuyo debate sería oportuno extender. Por lo demás, gracias por sus comentarios.

    @Hop Hunahpu, aprecio tu defensa de Asturias y Cardoza. Pero no estoy de acuerdo. He escrito un libro pequeño sobre Hombres de maíz y varios ensayos sobre Asturias (publicados en la Revista Cultura de Guatemala URL y en “La sonrisa irónica”). No pretendo sugerir “falta de originalidad” como implicas, simplemente una mirada “criolla” sobre la realidad guatemalteca, que no condeno sino que simplemente señalo. Al fin y al cabo, somos lo que somos y se trata de aprender a convivir y respetar nuestras diferencias. Edward Said es un crítico de primera, además me encanta la ironía. En ningún momento postulo un chapinismo a prueba de balas, sino que intento captar la complejidad de la comunicación adentro/afuera de “Guatemala”. Sin embargo, aprecio tu comentarios porque de eso se trata: de intercambiar opiniones y procurar reconfigurar nuestro pensamiento.