“El cuento debe ser fulminante”: Entrevista a Francisco Alejandro Méndez

Francisco Alejandro MendezEl doctor Francisco Alejandro Méndez (Guatemala, 1964) es el cuentista más prolífico de la literaturacontemporánea guatemalteca. Su primer libro fue “Graga y otros cuentos” en 1991. Desde entonces, ha publicado más de cinco libros de cuentos, varios ensayos críticos y una novela. Además, ha ejercido el periodismo, la crítica literaria y la docencia universitaria.

Considero que la trayectoria cuentística de Méndez, que abarca más de 15 años, demuestra, por la variedad de temática y estilo, la transición de la modernidad a la postmodernidad centroamericana. Por eso, tanto “Completamente inmaculada” y “Reinventario de ficciones” son lecturas importantes para entender el momento literario de la región.

Aunque por su fecha de nacimiento Méndez parecería más cercano a Horacio Castellanos Moya, Jacinta Escudos, Rafael Menjívar Ochoa y Rodrigo Rey Rosa (entre otros), su actitud pareciera ubicarlo con la generación siguiente de escritores centroamericanos, que inicia a configurarse.

Recientemente, tuve la oportunidad de conversar con Francisco Alejandro Méndez sobre su ya amplia trayectoria literaria.

RF: ¿Cómo llegaste a la literatura?

FAM: Inevitablemente, por la cercanía a mi abuelo Francisco Méndez Escobar. Crecí en una casa, en el Callejón del Fino, en la que sus paredes estaban forradas por miles y miles de libros. Al principio los rayaba pero en algún momento comencé a sentir curiosidad por ellos. Cuando supe que me llamaba igual que el abuelo, comencé a leer su obra y me dije:

“tengo que concluirla, porque murió muy joven”

Claro que era una descabellada idea, pero me hizo acercarme a la literatura. Comencé muy patojo a practicar deporte y recuerdo que en un par de ocasiones tuve que hacer reposo porque me doblé alguna parte de mis piernas. De esa manera, comencé a escribir, sentado en la cama, cuentos de deportistas, creo que hasta de deportistas mayas que querían jugar al pok a tok. De allí me encandiló la lectura.

¿Qué significado tiene el periodismo en tu obra literaria?

En mi caso, el periodismo comenzó como una manera de ganarme la vida. Pero con el tiempo y con más de 15 años, desde repartir revistas en una [motocicleta] Beluga, hasta coordinar publicaciones, me dio muchos insumos para escribir y para hacer un retrato ficcional de lo que he visto. El periodista tiene el privilegio de estar en donde ocurre la acción (claro, hablo de quien se faja en el calle y no el que lo hace por control remoto o en la Internet).

También posee información que no puede sacar a luz por la auto-censura que ocurre en todos los medios. Vive y conoce las distintas realidades de un país: desde la casa de un embajador o de un empresario potentado, hasta las intimidades de un comandante de la guerrilla o el baño de un artista. Esta información, y la que no puede sacarse a luz, se puede trasformar en ficción y reinventar lo ya visto.

En algunos casos, claro, es un relato real o histórico, que sirve o funciona para que un texto literario sea verosímil. Por otro lado, el periodismo escrito le da el oficio de la escritura diaria (tal vez nunca hay tiempo para leer a profundidad, porque el periodismo investigativo, todavía está en pañales y funciona de manera relativa).

A mí me tocó desde corrector, pasando por el horóscopo, realizar entrevistas, disfrazarme para estar en algún lugar donde los periodistas no son gratos, entrevistar a literatos de altos quilates, hasta políticos paralíticos cerebrales. Todo esto y más, no me cabe ninguna duda, ofrece condiciones para viajar por la ficción.

¿Existe algún motivo por el cual prefieres el cuento?

reinventario “El cuento debe ser fulminante”: Entrevista a Francisco Alejandro Méndez Me parece que al principio fue por la inmediatez de contar historias y porque mis lecturas estaban encaminadas a lo breve. Por supuesto que es un género apasionante y tiene su dificultad como la novela, pero lo que ocurre en el relato breve es que no podés “jugar” a ser escritor, como sí puede ocurrir en la poesía.

Cuando sos mal narrador, lo sos y punto, pero en la poesía, todavía te da, como la oportunidad de encontrar palabras “exclusivas” y frases rebuscadas. En el cuento tenés que depurar todo el ripio y ser específico, fulminante. Si no lo lográs, el lector te abandona en el segundo o tercer párrafo.

Ese desafío me encanta y aunque ahora he estado escribiendo y leyendo más novela que cuento, nunca dejo de escribir relatos cortos, porque me apasionan y son un reto para superarme en lo que escribo día a día.

¿Qué cambio experimentaste en tu escritura en el tránsito del cuento a la novela?

Me parece que el cuento, a pesar que lo planifico mentalmente y que casi nunca lo escribo sin tenerlo visualizado, como que su escritura es más espontánea: no podés ponerte a jugar con el lector, sino tenés que atraparlo. Como decía Cortázar, una pelea de box que se gana en el primer round.

Cuando escribo mis cuentos, lo hago como de un tirón, pues ya tengo todo maquinado, aunque, claro a la hora de escribir, siempre hay giros que te envían hacia otros intersticios. En el caso de la novela, como que el acto me resulta más alevoso. Hay que planificar, no se puede todo en la mente, porque, en mi caso, muchas veces es bastante la información que necesito.

Entonces, esquematizo, y lo planifico. Aunque la fuerza y lo espontáneo sean, por supuesto las mismas, necesito buscar otros laberintos en la historia para guiar al lector a recorridos inesperados y de largo aliento. También diré algo: como para sobrevivir hay que hacer muchos oficios, el tiempo que queda disponible para leer y escribir pasa a un segundo plano.

Por eso es que el cuento puede ser un recurso más rápido, mientras que la novela tiene que esperar una o dos horas de madrugada y no todos los días. Creo que en eso consiste ese tránsito…

¿Por qué tu novela “Completamente inmaculada”, que publicó Perro Azul en Costa Rica, aún no ha sido editada en Guatemala?

Completamente InmaculadaVarias razones. Creo que la primera es que no me he puesto de acuerdo con una editorial. Ya la edición se acabó y estoy convencido que debe ser leída en Guatemala por su temática y demás.

Creo que tengo algo de responsabilidad, pero por otro lado, no he recibido una propuesta concreta de alguna editorial. Quizá yo la publiqué en la editorial La Tatuana, en algún momento.

¿Cómo se diferencia tu labor como escritor y como crítico?

Profundizar en la literatura científica me ha ayudado mucho a entender mi producción literaria. Creo que desde que comencé a leer a este montón de maestros que se han involucrado en lo meta-literario he comprendido de mejor manera el oficio y también he entendido que es otra forma de creación.

Muchos consideran que el crítico destruye, pero en mi caso no (claro hablo de quienes hacen crítica y no los que ejercen una masturbación personal en algunos periódicos y que habría que multarlos por sus charlatanerías). Por eso me refiero a quienes lo realizan con rigor académico y por supuesto científico.

El crear textos críticos (tratando de seguir un rigor científico) también me ha hecho reflexionar sobre algunas obras que antes no les encontraba un valor literario y me ha hecho profundizar en ellas, especialmente la literatura guatemalteca de la Colonia, el siglo XIX y de principios del siglo XX. Creo que ha sido un crecimiento. Claro que lo veo distinto en cuanto a mi producción, pero en algún momento se vuelve concomitante

En la trayectoría cuentística, “Crónicas suburbanas” tiene un tono diferente a las publicaciones anteriores. ¿Qué motivó ese cambio de tono o de registro?

Fíjate que yo comparto lo que expresó alguna vez Julio Cortázar, en el sentido que el escritor no tiene empeño en señalar que terminó de escribir un libro de cuentos y ahora comienzo otro. Me parece también que de acuerdo al crecimiento individual, a las lecturas, pero sobre todo a los intereses, los cuentos pueden ir tomando otras direcciones, pero no creo que sea algo consciente.

Quizá, cuando me adentré a los escritores Beats, como Bukowski, mis cuentos tomaron otra dimensión; pero lo mismo te puedo decir de las lecturas que realicé de Reinaldo Arenas o Rubem Fonseca, pues me “conminaran” a escribir estos relatos. Como sucede con lo que escribo en la actualidad, creo.

¿Por qué consideraste necesario replantear el canon en tu “Hacia un nuevo canon de la vanguardia en América Central”?

Siempre he señalado que en América Central tenemos autores de primer orden. Sin embargo, cuando uno se mete a estudiar científicamente la literatura se topa, precisamente, que muchos no realizan ese ejercicio y cuando me refiero a muchos, puedo señalar a vacas sagradas de la crítica como Seymour Menton, que tiene muchos epígonos en nuestro país.

Cuando comenzás a leer estudios críticos sobre Hispanoamérica y te topás con que nunca aparecían autores más que Asturias o Darío; mientras que sí aparecen bastantes autores de otras latitudes. No pretendo esa posición de llorar o rasgarme las vestiduras por los autores, sino mostrarlos y decir algo así como:

Miren, observen. Aquí está lo nuestro.

Tomé a autores como Cardoza, quien uno de los más conocidos, pero poco leídos o mal leídos en nuestro país (a algunos les interesa más sus cenizas que su obra); también Max Jiménez, genial autor costarricense, que no tiene una buena recepción en su país, quizá por ser muy crítico de esa “casa paterna” a la que están acostumbrados algunos costarricenses. Igual con Rogelio Sinán, otro gigante de los relatos, del que pienso, su obra debe ser leída y discutida, por ser innovadora y de primera.

“América Central en el ojo de sus propios críticos” ofrece un panorama de la obra y la crítica centroamericana contemporánea. ¿Qué destacas de este esfuerzo crítico centroamericano?

Primero, la mayoría de los que escribimos, formamos parte del doctorado en Artes y Letras de la Universidad de Costa Rica; también, la mayoría somos creadores. Los textos que se analizan fueron escritos por autores contemporáneos que comienzan a ubicarse en importantes espacios del canon.

La idea de este trabajo es que estudiemos a nuestros autores desde adentro. No es que me oponga a que se haga desde fuera de América Central, no, no, no. Me refiero es que desde adentro y con críticos centroamericanos se puede ejercer una importante crítica.

Tus cuentos han sido repetidamente antologados fuera del país, particularmente en España, ¿consideras que tu obra ha tenido una difusión meritoria en Guatemala?

Claro que no. En mi caso, yo he sido el portador de mi propia obra. La he difundido e incluso recomendado a mis alumnos sin ningún empacho. Fuera de amigos y colegas como Javier Payeras, Ronald Flores, que la han discutido y reseñado; y un par más de nobles colegas, mi obra es invisible y me parece que muy poco leída.

Comenzando primero con algunos de los autores de generaciones anteriores, que quizá no la conocen o no les interesa (lo cual es válido, lo que no es válido es que la descalifiquen y la vuelvan invisible sin haberla leído). En la recepción crítica tampoco ha tenido buena suerte. Solamente Marco Antonio Flores incluyó un relato en una antología pedagógica y Juan Fernando Cifuentes una mención en uno de sus textos.

De allí que ha sido poca o nada. Sin embargo, en cuanto a los lectores, quizá sí haya tenido buena suerte, pues siempre me encuentro a alguien que se sonríe con alguna de mis historias o que me recuerda a la Inmaculada. Creo que si hiciera un balance, este balance será negativo, pues a pesar que ya tengo algunas publicaciones, como que mis textos no forman parte “aun” del canon guatemalteco. Creo que mi obra ha tenido mejor suerte fuera de estas tierras.

Desde “Graga y otros cuentos”, tu primera publicación, han pasado más de quince años. ¿Cómo evalúas tu trayectoria literaria hasta el momento?

Vivo para la literatura. Creo que cada vez se me hace más difícil dejar de escribir, pues la escritura misma es como mi salvación de la locura, digo, aunque parezca pose… Me alegra haber estudiado fuera de Guatemala, pues eso me acercó más y también nutrió más mi creación. Me parece que me a mi obra le ha costado abrirse espacios en esta sociedad. He tenido suerte afuera y creo que seguiré apuntando hacia el otro lado del corral.

¿Hacia dónde va la obra de Francisco Alejandro Méndez?

Creo que he tomado la decisión, desde hace algún tiempo de escribir literatura policíaca. En los últimos años he escrito textos policiales y me siento muy cómodo tengo ganas de estudiar criminalística y meterle macizo a la cuestión. Quiero seguir escribiendo crítica y conservar a los buenos amigos.

Foto de autor: Stephanie Falla

3 comments

  1. mario Apr 1

    Gracias por compartir esta entrevista. Tengo una inquietud (tal vez para un futuro post) en la frase “Su actitud pareciera ubicarlo con la generación siguiente de escritores centroamericanos, que inicia a configurarse.”

    ¿Cuál es esa generación que empieza a configurarse? A mi parecer, ya está bastante configurada, pero sería interesante plantearse quiénes la forman, sus características y sus proyecciones a futuro.

    Saludos.

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