Javier Mosquera Saravia: explorar lo fantástico, onírico, cifrado

Javier MosqueraJavier Mosquera Saravia (Guatemala, 1961) ha publicado tres esmerados libros de cuentos: Dragones y Escaleras y otros… cuentos (2002), Angélica en la ventana (2004) y Laberintos y Rompecabezas (2005). Entre el realismo nostálgico y la literatura fantástica, la narrativa de Mosquera Saravia es precisa y elaborada.

Aparte de estudiar Letras en la Universidad del Valle de Guatemala, Mosquera Saravia es un dedicado lector de Asturias, Borges y Cortázar.

RF: Desde tu primer libro “Dragones y Escaleras y otros… cuentos”, publicado en septiembre de 2002, se percibía un estilo narrativo consolidado. ¿Cómo lograste un estilo tan depurado desde tu primer libro?

JMS: Primero que nada, quiero agradecerte la entrevista. Es la primera vez que alguien me hace preguntas a fondo sobre mis libros. Creo que la respuesta más acertada sería que tuve paciencia. En ese libro hay cuentos escritos cuando tenía veinticinco años y que después de un buen número de correcciones y reescritura, fueron publicados dieciséis años más tarde.

Además, terminé de escribirlo cuando estudiaba letras, bajo una gran influencia del estilo de Ricardo Estrada. Creo que en ese libro se nota mucho. También, por supuesto, conté con la ayuda de amigos que leyeron los manuscritos y me aconsejaron. Entre ellos Gustavo Adolfo Wyld y vos. Tu lectura y crítica fueron muy valiosas.

El profesor Gustavo Wyld mencionaba: “Javier Mosquera no hace concesiones al lector; más bien lo desafía para que vaya al rescate argumental y temático, y ofrezca su propia interpretación” ¿A qué se refiere?

A que a mis libros les “conviene” ese lector con el que sueña Morelli, el personaje de la novela Rayuela de Julio Cortázar. Aquel que no sólo espera recibir, sino aportar. Uno que participa. Que de alguna manera termina de escribir la historia. Con un lector-escritor así, habrá muchas posibles narraciones y no una sola.

Regresando a Morelli, lo dice en el capítulo 79 [de Rayuela], aunque sea una nota «pedante», según Oliveira. Él dice que son necesarias estructuras abiertas. Creo que esa es un poco la idea en algunos cuentos. Estructuras abiertas. Entiendo que por ello, a lo mejor, sacrifico lectores. Pero escribir pensando en los lectores, creo que es una traición a los mismos lectores.

dragonesyescaleras Javier Mosquera Saravia: explorar lo fantástico, onírico, cifrado¿Por qué prefieres el cuento?

Por la brevedad y la intensidad del conflicto. Porque es más fácil experimentar en este género, aunque eso no quiere decir que sea más sencillo escribirlo. Sin embargo, ya tengo lista una novela y estoy trabajando otra. Creo que estoy satisfecho con el resultado… Pero a ver qué opinan los que la lean.

Me parece que existe una dosis de racionalización consciente en tu estrategia narrativa. Sin embargo, la mayoría de tus cuentos son nostálgicos, sentimentales y desgarradores. ¿Cómo logras combinar estos dos elementos: razón y emoción? ¿Se trata de una construcción deliberada o espontánea?

Creo que en mis libros he ido de lo más racional a lo más espontáneo. Y no sé si para bien, te lo confieso. En la mayoría de relatos de Dragones, la estructura fue pensada. Cambiada muchas veces. Lo nostálgico y sentimental lo aporta la primera redacción. Es donde sale todo el sentimiento. Trabajo de Dioniso, diría Margarita Carrera. Pero luego viene Apolo y toda la labor de corrección y relojería.

En Angélica la cosa ya fue más libre. Aunque todavía hay cuentos en este libro que siguen la misma estrategia, algunos ya no fueron tan pensados. En Laberintos, bueno… Allí hay dos secciones. Los rompecabezas salieron de una experimentación que hice recibiendo clases. De pronto me puse a jugar con una historia y ver a donde llegaba.

Llevar la historia a otro lugar, otro tiempo o incluso a otra historia, pero que de alguna forma tuvieran algo que ver con la inicial. Como las piezas de un rompecabezas. Y así fueron saliendo, muy espontáneamente. Parecieran ser más complicados, pero en realidad, su estructura no lo es tanto.

Siempre que me preguntan por ellos, digo que el lector es el que tiene que decidir si las piezas ajustan o no. Los laberintos son bastante lineales, en cuanto a estructura. En ellos lo laberíntico es el conflicto en el que está metido el personaje.

portada_angelicaenlaventana Javier Mosquera Saravia: explorar lo fantástico, onírico, cifrado¿Qué papel juega la nostalgia en tus cuentos?

Nunca lo he pensado, y no sé si quiera hacerlo. Para responderte me voy a salir por la tangente. Y a riesgo de parecer pedante, o de querer sacar “lustre” a mi apellido, como ya me acusaron por allí, tengo que decirte que probablemente es una cuestión genética. En Galiza a la nostalgia le dicen morriña, aunque no es exactamente lo mismo.

Un sentimiento difícil de explicar, pero que embarga a mucha gente por allá. Sobre todo a los que dejaron todo y se vinieron a estas tierras a buscar fortuna. Digamos que esa obsesión por la nostalgia la heredé de mi abuelo gallego. Eso sí, como ya te decía, una cuestión genética, supongo. Porque te confieso, el murió antes de que yo naciera. ¿Qué otra cosa puedo decirte?

Aunque la temática y la experimentación son constantes, noto que tu propuesta es cada vez más rigurosa y exigente para el lector. ¿Cuál es la lógica detrás de este avance? ¿De lo explícito a lo implícito? ¿De la descripción a lo cifrado?

Creo que ya te lo dije antes. El libro que más trabajé “racionalmente” en cuanto a la estructura y la experimentación, fue Dragones y Escaleras. Muy influenciado por la obra de Ricardo Estrada. En Angélica ya no fue tanta mi preocupación por la técnica estructural, aunque sí, hay cuentos que fueron reescritos varias veces y repensados estructuralmente.

Por ejemplo, Del otro lado o Encrucijada. Y otros, a pesar de que la estructura es “irregular”, por decirlo así, fueron más espontáneos. Por ejemplo, Angélica en la ventana. Aunque la repetición final sí es un añadido.

Laberintos y rompecabezas es un caso extraño. Las historias son como variaciones sobre un mismo tema. Eso sí, más espontáneas. El asunto aquí es: ¿Hasta dónde se puede llegar? ¿Qué tanto soportará el lector? ¿Cuándo el cifrado se convierte en una pared infranqueable con una puerta de la cuál, a veces, ni yo tengo la llave? Te repito, el lector lo decide. Eso sí, si tiene la paciencia de hacerlo. Porque estoy consciente que algunos no la tendrán.

Volviendo a lo cifrado. Creo que es la forma de expresarme que necesitaba en esos momentos. Que probablemente necesitaré más adelante. No sé. La novela que tengo lista no es tan cifrada, pero eso no implica haber renunciado a ese tipo de literatura.

Considero que el libro que sintetiza mejor el rango temático y técnico de tu propuesta es “Angélica en la ventana”. ¿Por qué crees que “Angélica en la ventana” ha sido tan bien recibida por críticos y lectores?

Por Angélica. Déjame explicarte. La mayoría de personajes femeninos de esos cuentos, representan un ideal del que me he enamorado durante mucho tiempo. Y parece que ese ideal también enamora a otras personas. Tengo amigos que me han dicho, literalmente, que ellos podrían enamorarse de Angélica. Creo que más por lo que no se dice, que por lo explícito.

Porque estas mujeres son como la oveja que Saint Exupéry le dibujó al principito. Están metidas en una caja, y cada quién las mira como las quiere ver. Unos para enamorarse y otras porque se identifican con ellas. Aunque esto último creo que es demasiado pretencioso. Además, es evidente, los cuentos estructuralmente son más amigables.

Laberintos y RompecabezasNoto que varios de los mitos o temas en los que te basas para “Laberintos y rompecabezas” no son guatemaltecos sino que gallegos y/o celtas. ¿A qué se debe este desplazamiento de fondo?

Nunca le he tenido miedo a los cambios. Es más, me gustan los cambios. En el dos mil dos conocí en Galiza la casa donde nació mi abuelo y a los parientes perdidos en el tiempo. Y eso me revolvió el alma. Quise saber mucho más de esa tierra llena de magia. Y después sentí la necesidad de escribirlo. Sin embargo, en Laberintos, aunque hay mitos celtas, también uso los del Popol Vuh. En el primer cuento (aunque esto no lo debería decir) están mezclados los dos. ¿Será un desplazamiento? No creo. Más bien seguiré con la mezcla, aunque por allí se le pare el pelo a más de alguno.

Cuando me acerco a tus cuentos, no puedo evitar pensar en el “oficio” de escritor. ¿En qué consiste para Javier Mosquera el oficio del escritor?

En corregir. Las primeras versiones de los cuentos son Dioniso (para seguir recordando a Margarita Carrera). El sueño, el sentimiento, la necesidad de sacar. Inspiración pues. Pero luego hay que buscar las herramientas apolíneas y corregir y corregir. Y en muchos casos, como ya te dije, pensar y repensar.

Estructuras, orden, tiempos verbales, en qué persona el narrador se oye mejor…, y otras cosas. Creo que ése es el oficio. Corregir hasta el cansancio, hasta que ya no pueda quedar mejor. Lo malo es que muchas veces ni así alcanza.

La rigurosidad experimental de tu trabajo que te coloca en una posición difícil. Por un lado, por tu habilidad técnica, tus cuentos son excelentes. Por otro, un buen número de lectores prefieren los textos que no requieran mayor esfuerzo para descifrar. ¿Por qué consideras que tu obra aún no ha recibido la atención que merece?

Creo que Angélica la está recibiendo. No sé hasta dónde. Algunos lectores, muy jóvenes, en sus perfiles del Hi5, dicen que Angélica es su libro preferido. No sé si mis libros “merezcan” atención. Pero si alguna quisiera, es la de este tipo.

La de los críticos… Claro que me gustaría. Pero tampoco me desvela no tenerla. Si la obra tiene la suficiente calidad, ya llegará. Bueno, eso espero. Pero si no… Creo que la historia es un juez implacable.

La tradición literaria de Guatemala ofrece una amplia gama de posibilidades. ¿En qué tendencia de esta tradición te ubicas? ¿Qué escritores guatemaltecos del siglo veinte merecen tu atención?

Creo que mis influencias son bastante obvias. Asturias, por supuesto, Ricardo Estrada, sobre todo y Gustavo Wyld. Digamos que la propuesta estructural de Estrada, que tanto estudiamos en la Del Valle, la recoge Gustavo Wyld en sus cuentos, y la tomo prestada yo, en los míos.

Pero mi atención la merecen muchos más. Presumo de haber leído mucho a los guatemaltecos. Y sobre todo a mis contemporáneos. Creo que es difícil que no haya leído a alguno. Creo que la creación literaria en Guatemala goza de muy buena salud. Por supuesto que no todos van a perdurar. Pero hay algunos que trabajan intensamente y están adquiriendo un estilo muy depurado.

¿Cómo te consideras en relación con los escritores contemporáneos de Guatemala, de Centro América?

Creo que en general, y a riesgo de hacer generalizaciones incorrectas, actualmente en Centro América hay una mayor tendencia al realismo. Hay algunas excepciones. Jaramillo Levy en Panamá es más fantástico, o Claudia Hernández y su excelente trabajo del absurdo.

Yo creo que apelo mucho más a lo fantástico. Me gusta lo fantástico, lo onírico, lo cifrado. A lo mejor por eso, respondiendo a tu pregunta, creo que estoy un poco en otro tiempo. Pero allí me siento cómodo y, por lo menos en los cuentos, allí voy a seguir.

¿Hacia dónde va la obra de Javier Mosquera?

Estoy terminando una novela y empezando otra. En general son menos fantásticas y menos experimentales que los cuentos. Creo que es normal. La novela tiene otro discurso. Además, tengo pensado publicar, en línea, un poemario.

Quién sabe si alguna vez lo haga en papel. Y este año espero empezar otro libro de cuentos. Veremos qué pasa. ¿Hacia dónde va mi obra? La verdad, no lo sé. Espero que crezca, que madure y que no se vuelva repetitiva. Es lo único.

5 comments

  1. Jacinta Jun 5

    Pienso que el pobre hombre no más es un ser humano frustrado que nunca ha encontrado el amor y anda de flor en flor, viendo que pica y pretendiendo sentirse el machote latino, aprovechandose de la debilidad del algunas personas.
    Su estilo es copiado y sus libros pobres, ni comparados a los de Sergio Ramírez, por algo a este ultimo lo edita ALFAGUARA.
    Lastima! En Guatemala hay mejores escritores. Ojalà y de verdad publiquen los comentarios tal y como se plasman y respeten la libertad de expresión.

  2. alfa Jun 9

    He tenido la oportunidad de leer dos de sus libros y como lectora puedo decir que me gustan muchas cosas y otras no. Creo que es un asiduo lector y ha trabajado en sus textos. Pero quizás en el anterior comentario hay alguna experiencia personal que lo motiva.

    Por otro lado, me parece que el comentario de @Jacinta es muy normal en este medio y en la región, de alguna forma no se puede separar el texto de la vida del autor, creo que una cosa son los problemas o defectos personales y otra la calidad de su obra.

    Lo que me gustaría saber es si realmente lo han leído, la mayoría de la gente que comenta la mala calidad de los escritores, muchas veces lo hacen porque la persona no les cae bien, más que por la objetividad de la obra. Saludos!

  3. Nena Jul 1

    Para el comentario de Jacinta, tengo una pregunta: ¿Porqué si no te gusta lo que escribe Javier te tomas la molestia de poner un comentario así?

    Creo que es muy inmaduro de tu parte, y pienso también que si tanto te gusta Sergio Ramírez lo leas a él, pues no tiene ninguna lógica que si te cae mal alguien por x o y razón, vengas a dejar comentarios de este tipo, para mí es tonto. Estoy de acuerdo con Alfa pues, sí es mejor enfocar este medio más a lo literario, a la obra en sí.

    Además quisiera que me explicaras esto: ¿”Lastima! En Guatemala hay mejores escritores”?

    Gracias!

  4. A la defensa de jacinta. Dec 13

    A las personas que critican a Jacinta les digo:
    1) Es natural que una mujer ataque a un artista, no por su obra, puede que no le interese la litaratura sino la moral, la ética, y puede que Jacinta crea que el caracter del artista (y hablo universalmente, bien lo sabria Picasso y Dora Maar), deba ser el de un ser superado espiritualmente.
    2) Jacinta puede opinar lo que quiera, es lo bello de internet, es el post en su màs pura expresión.
    3) Para los que les gusta la obra de autor el comentario contrario les da alergia, conmueve sus creencias, les mueve el suelo.
    4) En Guatemala el arte es elitista y por eso se siente uno pedante hablando de Van Gogh a media aula, en una esquina o en el mercado mientras la venderora dice “y quien es ese”, sin darse cuenta que podria parecer un oleo de Cezanne, por lo tanto lo que hay que hacer es hablar de todo lo trivial en las galerias, de todo lo de mal gusto en las vinaterias, hay que hablar de lo peor en las lecturas de poesìa, y si jancinta, tambièn de los malos escritores, aunque sean muy buenos siendo malos.

  5. glenda May 4

    Licenciado Mosquera, yo no puedo hacer una critica de la talla de Margarita Carrera, pero deseo compartirle que al leer Angélica en la ventana usted me ha transmitido y hecho sentir un momento de pasion literaria intensa , que creo que usted vivio al escribir cada una de las palabras del escrito, solo le pido que no suelte la pluma, que con la suya basta para poder volar.

Comentario