Don’t Give Up The Fight May 30
Get up, stand up, don´t give up the fight… Ah, Bob Marley me ha reanimado hoy después de un día lleno de sucesos bizarros, como en una realidad alternativa. OK. Whatever. That’s all. Weird, ha.
Get up, stand up, don´t give up the fight… Ah, Bob Marley me ha reanimado hoy después de un día lleno de sucesos bizarros, como en una realidad alternativa. OK. Whatever. That’s all. Weird, ha.
Otra voz, en otro vídeo, nos llega en lo más profundo de la noche, para reconocer lo que todos sabemos. Nos dice no saber por qué es tan tonto y reconoce que a nadie engaña.
Acaso, a manera de advertencia, afirma que no hay pasado sin rencor. Ojalá sólo sea un juego, semántico, rítmico, poético pero, por si las dudas, haré de caso que no los conozco. Quién sabe.
Después de lo que ocurrió, trato de pensar que hoy será un perfecto día.
En el voluminoso “Verdad y método”, Gadamer brinda una definición funcionalista sobre el prejuicio como inevitable punto de partida para el conocimiento: “actually ‘prejudice’ means a judgement that is given before all the elements that determine a situation have been finally examined”.
No. No podemos funcionar sin prejuicios pero la esperanza es que no limitemos nuestra experiencia congnoscitiva a éstos. Son tan sólo, repito, un punto de partida. Talvez el análisis de los elementos que definen una situación alteran nuestro prejuicio inicial, modificando nuestra percepción. Después de todo, las apariencias engañan y aún podemos aprender.
De pronto, pienso en volver a lectura de Schleiermacher (talvez mañana).
Se trata de una serie de diez formas ambiguas, sugerentes, alusivas, “abiertas” a la interpretación de quien las observa. Pueden representar cualquier cosa, realmente, aunque algunos creen ver, en dichas manchas, la materialización de sus fobias, de sus obsesiones, de sus patologías.
Es decir: revele su rollo gratis.
¿Es posible conocer la realidad, tal cual, o sólo vemos aquello para lo cual estamos predispuestos? ¿Examinamos la evidencia empírica o la acondicionamos para que revele lo que de antemano buscamos?
Kant, en la introducción a la “Crítica de la Razón Pura”, anota: “…Reason has insight only into what it itself produces according to its own design” (p.109; Cambridge Edition).
¿Estás a punto de publicar tu primer libro? ¡Cuidado! Talvez ni siquiera lo sospechas pero estás en un grave riesgo. ¿Ya no encuentras la manera en hacerte notar? ¿Quieres evitarte hacer el rídiculo? Este post puede ahorrarte que se rían a tus espaldas. Léelo, pero no se lo digas a nadie. Quedará entre “nos”. Te lo prometo.
Las librerías son como el purgatorio para el o la debutante. El o la debutante las frecuenta, recorre sus pasillos, se pasea por sus estantes, se posesiona de alguna mesa o esquina, como almas en penas, esperando que algún lector o lectora los redima.
Uno de los errores más comunes es esperar que todos aquellos que cuentan con un espacio mediático comenten este primer libro. En particular porque es común que el o la escritora debutante también cuente con un espacio mediático el cual nunca, repito nunca, ha usado para comentar libros de otros u otras debutantes. Sin embargo, acaso por el delirio provocado por la emoción de debutar, espera que otros u otras hagan lo que él o ella nunca han hecho: realizar una ponderada valoración de la obra de un o una colega.
Con una frecuencia cada vez más cómica, la ficción empieza en la solapa, en la narrativa biográfica o auto-biográfica que presenta a los autores al público en general. ¿Quién escribe la solapa y con qué objeto se comete este pequeño género literario, que permanece poco estudiado, tal vez incluso menospreciado?
En términos arqueológicos, pre-histórico (es decir, anterior al internet), la solapa era como el perfil en los blogs o redes sociales. Servía para que el lector se formara una idea de la procedencia del autor, una noción derivada de la ética aristotélica o, más recientemente, de la teoría foucaulteana (desde dónde del entramado social se emite el discurso). La solapa debería brindar información de utilidad pública, claves para interpretar mejor el texto que procede.
En términos formales, los responsables de la presentación del autor al público deberían ser los editores. Sin embargo, con frecuencia, el encargado de escribir esta oda minimalista al ego del autor es el autor mismo. Por alguna razón que no me explico, las editoriales, que comúnmente forman parte de lo que se conoce como “Vanity Press”, prefieren esta dudosa táctica de mercado para impulsar a un autor o autora, antes de emplear información factual, acaso más aburrida.
A voice from no where… Clicks, chatters, we are looking into the Skype, YouTube camara. Ego-driven networking turned to a good cause. Profiles that showcase more than a desire to hook up (we can always do that later). All the old folk think they know better. All try to tell that you might be wrong, but, really, who cares?
You are young! It’s your turn to make mistakes. You are only young once, tell them. Besides, you are just living your “Yes We Can” moment! Don’t fall into their games. No. It’s not about that. Don’t have to take their well defined and very boring sides.
Maybe, and just maybe, they will have to take your side. Peace!
Dícese de cualquier declaración, por conocimiento o ignorancia, deliberada o no, con fundamento o carente de éste, realizada por una figura pública que cause un miedo razonable en uno o más twitteros, de tal forma que provoquen un retwitteo inmediato cuya sentido de urgencia pueda considerarse como una muestra de pánico en dicho medio electrónico.
Para citar a la figura pública, experta en dicho fenómeno: “mandó correos electrónicos desde un portal público desde el sitio virtual Twitter, en donde chateaba con otros internautas de las auto-denominadas redes sociales”.
LOL
La libertad de expresión es fundamental para la democracia.
¿A qué candidato joven, mujer, indígena o garífuna estás apoyando en la próxima elección para presidir la importante y lóngeva institución pública, la que aún se precia de capacidad transformadora y vanguardista? Digo, para que las opciones no sean sólo entre “señores de las siete décadas”. Sí, tú sabes a lo que me refiero. Me parece que un cambio real sería un académico joven o una feminista o un profesional indígena, garífuna, mestizo o guanabí. Pero no, durante siglos, más de lo mismo…
Mirá qué coincidencia… Hasta lo había escrito…