Los detectives salvajes de Roberto Bolaño

los detectives salvajes bolano Los detectives salvajes de Roberto BolañoLa novela “Los detectives salvajes” (1998), acerca de la vida errante y la obra imaginada de un grupo de escritores marginales auto-denominados Real visceralistas, es la obra maestra de Roberto Bolaño y, posiblemente, la mejor novela latinoamericana de los últimos años.

Una suerte de documental paródico, mitad diario confesional, mitad retrospectiva grupal tipo “Where Are They Now”, “Los detectives salvajes” persigue las peripecias y los enredos de Ulises Lima  y Arturo Belano, aspirantes a poetas, presuntos delincuentes, en fuga permanente.

En esta suerte de oda a la futilidad, Lima (seudónimo de Alfredo Martínez) y Belano, dos adultos jóvenes que padecen el síndrome de Peter Pan, son vistos desde la perspectiva del adolescente Juan García Madero, quien lleva un diario. La primera y tercera parte “Mexicanos perdidos en México” y “Los desiertos de Sonora” desarrollan cronológicamente la idealización del grupo de escritores marginales, que constituye una especie de sección surrealista mexicana, y la búsqueda que emprenden de un origen que fundamente su ilusión de alcanzar la grandeza estética (Laura Damián, Cesárea Tinajero).

“Los detectives salvajes” es también una suerte de educación sentimental, o “coming of age”, llena de violencia, sexo, drogas y poesía. Los real visceralistas, este grupo de desadaptados [“los pobres niños abandonados…nadie los quería. O nadie los tomaba en serio”, (p. 196)] que busca abrigo en una familia disfuncional (los Font) y se propone salvar a una joven prostituta. De hecho, estos propósitos y apelativos como los “bastardos de Sor Juana” parecen continuar y confirmar la reflexión sobre “los hijos de la chingada” contenida en “El laberinto de la soledad” de Octavio Paz.

La segunda parte “Los detectives salvajes” se constituye por una serie de entrevistas para generar una retrospectiva generacional, de lo que intentaron y no lograron alcanzar. De una forma tangencial, se traza la errancia de Lima y Belano después de escapar hacia los desiertos de Sonora. Sin embargo, su dispersión (que alcanza Europa, que llega hasta África) tiene un epicentro (la escena del DF a finales de los setenta) y un propósito inconcluso en el texto (el parricidio), pero que acaso se realiza fuera de éste al desplazar o sustituir a los escritores de dicha generación del imaginario colectivo literario contemporáneo del continente.

La realidad entre vista por este grupo de “hijos de la chingada”, los sitúa como la generación beat (diferida, diferente, distorsionada) latina, como una recreación tropical de “On the Road” y “The Dharma Bums” de Jack Karouac  con “America” de Allen Ginsberg y “Naked Lunch”  de Burroughs (o la película “Easy Rider”), para expresar “… nuestra triste e irremediable condición de sudamericanos perdidos en Europa, perdidos en el mundo…” (p. 234).

Significativamente, un pasaje que sintetiza parte del conflicto por la significación entre vida y obra es el duelo entre un escritor y un crítico motivado por una reseña no publicada: “aquella escena era el resultado lógico de nuestras vidas absurdas…” (p. 481).  Procurando un cierre, el poeta mendicante Ulises Lima después de recorrer mundo, retorna a México. Cuando los sueños literarios han naufragado, qué queda por hacer: “¿Por qué no te dedicas a trabajas, a ser feliz con tu hijo y te buscas una mujer que te quiera de verdad?” (p. 517).

Al describir a una amplia gama de personajes que anhelan que su vida y su obra literaria fueran mejor de lo que pretenden, el lector no sabe si Bolaño se burla de una generación entera (por sublimar sus carencias, por idealizar lo que soñaron y no pudieron realizar) o les rinde un extraño tributo.

De cualquier forma, registra con precisión el estado de ánimo de una generación que alcanzó la adultez biológica durante las cercanías de la década perdida [“la década de los 80, que tan nefasta había sido para su continente, parecía habérselo tragado sin dejar ni rastro” (p. 445)],  pero no deja de ser un retrato generacional [“…una historia de poetas perdidos y de revistas perdidas… una historia en los extramuros de la civilización…” (p. 240)].

En el recuento delirante de la “familia” real visceralista, “Los detectives salvajes” es una especie de “Cien años de soledad” postmoderna, una en donde la identidad colectiva deja de ser por filiación (linaje, verticalidad) para convertirse en afiliación (asociación, horizontalidad). Por su alcance, ambición, enfoque y realización, esta novela estableció una nueva forma de concebir la narrativa de la historia (íntima) de América Latina.

“¿Pero cuál era el pinche cielo de México? La alegría asumida o lo que está detrás de la alegría, los gestos vacíos o lo que se esconde (para sobrevivir) detrás de los gestos vacíos” (p. 457).

Bolaño, Roberto. Los detectives salvajes. Barcelona: Anagrama, 2000. 609 p.

6 Comentarios

  1. Publicado 16 septiembre 2009 a las 12:32 | enlace permanente

    Realmente, tu reseña es muy entusiasta,y está bien, pero cómo me ha costado meterme de lleno en esta novela. No logra atraparme. Sea burla velada o tributo sutil, todo me parece lugar común. Hacia la página cincuenta estuve a punto de abandonarla, pero por insistencia de algunos, me decidí seguir, y ahí voy, lentamente, por la página 150, creo (hace días no la leo). En todo caso, entre reseña y reseña en distintos blogs, en alguna entrada llegaré a su final.

    Saludos.

  2. Publicado 16 septiembre 2009 a las 22:03 | enlace permanente

    Yo más bien alabo la primera parte, que Bolaño retoma en la tercera, que también es sumamente vívida y ágil. Sé que evidentemente la obra es catalogada como obra maestra por lo del medio, pero me parece un jueguito medio inane que pierde el sentido muchas veces. Sin embargo (diría “desgraciadamente”, incluso) es una novela que debe leerse, sí o sí.

  3. Publicado 21 septiembre 2009 a las 16:27 | enlace permanente

    La novela de Bolaño es una obra maestra por su ambición de historiar toda la literatura latinoamericana de una época. Parte de la gracia está en saber de quién está hablando Bolaño en cada seccion (lo de detectives no es fortuito). Aún así, me parece que la primera y tercera partes están bien escritas y son divertidas pero que la segunda tiene capítulos geniales como el del Neonazi en Israel, la reescritura del cuento de Baroja, el retrato de los poetas horazerianos, sobre las vanguardias mexicanas de los veinte o el de Santiago perdido en la Nicaragua Sandinista. Tiene capítulos prescindibles, pero eso no la hace una mala novela.

    A mi me parece interesante lo siguiente. Al final de la primera parte se puede notar como Bolaño empieza a querer hablar de lo que pasa en la cabeza de los otros escritores que rodéan a García Madero, pero su desición de escribir en primera persona se lo impide. Es de suponer que Bolaño tenía pensado hablar de muchas cosas y que por ahí de la página 120 debe haber dicho, “al carajo con esta historia lineal en primera persona” y se puso a escribir lo que le dió la gana. No es inusual que pase eso, pero creo que si esta novela hubiese sido sólo como la primera y tercera o sólo como la segunda parte, hubiese perdido increiblemente. Finalmente tengo que decir que me declaro adepto del procedimiento de crear atmósferas por acumulación o yuxtaposición de narraciones inconexas, algo que a veces es imposible lograr con una narración diegética continua.

  4. Publicado 22 septiembre 2009 a las 10:00 | enlace permanente

    Juan, esto que señalás como virtud de esta novela, es precisamente lo que yo he defendido de las obras extensas*, y lo que defendía de poemas largos, ambiciosos, como cuando discutíamos sobre el poema de Steinmetz: la ambición es un factor importante, y por ese ánimo de abarcar es que suelen aparecer partes débiles, flojas o prescindibles, pero que terminan precisamente por ser esas partes las que de alguna manera dan sentido al todo. Es decir, las obras extensas, ambiciosas, se pueden permitir esos altibajos y fluctuaciones.

    Saludos.

    * Repito, esta no la he terminado y aún no me lo parece, pero ese es otro asunto.

  5. Ronald
    Publicado 23 septiembre 2009 a las 10:03 | enlace permanente

    Gustavo, sí mi reseña es entusiasta pero creo que tienes razón. Leerla ahora, ya no representa la novedad que significó hace diez años.
    Juan y Guillermo, de acuerdo.
    Gustavo, Juan y Guillermo, gracias por sus excelentes comentarios. Saludos!

  6. Publicado 23 mayo 2011 a las 1:13 | enlace permanente

    Ronald, recibe un saludo afectuso desde Toluca, México.

    Creo que tu ensayo es un eficiente análisis de la novela “Detectives Salvajes” (un esfuerzo por salvar lo insalvable). A mí me pareció una gran empresa literaria por parte de Roberto B.,un intento, pero no costituye ningún exito. A este tipo de escritos los he definido como “LITERATURA PIÑATA”, una tormenta antiestética de excesos, donde la falta de matices y el inexistente equilibrio son la constante. Tuve que leer las 654 páginas (tabletas de sal) para un curso monográfico en la UAEM, y la única cunclusión a la que llegué: Roberto Bolaño, el hombre que supo vender papel.

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