Llegaron del mar (1966) de Monteforte Toledo explora los efectos que implicó para la Casa de Ixcayá, también llamado Siete Cañas, que su pueblo perdiera la Guerra Florida ante el imperio de los Tucur en las vísperas del arribo europeo a América (“Llegaron del mar. Pronto estarán aquí. En una mano traen la cruz y en la otra la espada. La cruz es de madera; la espada, de metal”, p. 151).
El patriarca Siete Cañas, casado con Antes, una mujer mayor, y Ala, una joven, es padre de Jaguar de Montaña, Flecha de Cumbre, los gemelos cerbataneros y la doncella Corazón Pequeño. Ixcayá es un noble influyente, miembro del Consejo del pueblo, enfrentado con Frente Alta Tizquín, un comerciante arribista, quien procura aliarse a los Tucur, los vencedores, para afianzar su poder en el Consejo.
La novela despliega un interesante juego inter-textual con el Popol Vuh y el Rabinal Achí, notablemente en las historias de los cerbataneros y el guerrero Jaguar de Montaña, empleando el lenguaje de las traducciones al español realizadas por personas como Adrián Recinos.
Pero contiene fallos notables en su inmersión al mundo precolombino, como el siguiente, que me lo hizo notar C.P. (no lo nombro porque no sé si me autoriza a hacer este comentario, pero lo menciono porque la idea no es mía): “Por la cuarteaduras de la casa de Ixcayá entraba primero el primer aire de noviembre… (p. 6)”. Para referirse al mundo precolombino, desde el período precolombino, el autor debió mencionar el calendario maya o el azteca y no el mes de noviembre.
A tono con el indigenismo criollo, influido con cierta visión romántica a lo “The Last of the Mohicans” (1757) de James Fenimore Cooper, “Llegaron del mar” procura retratar un orden social que se desmoronó con la llegada de los europeos. Como en “Donde acaban los caminos” y “Una manera de morir”, el protagonista intenta un acto de rebeldía, en este caso organizar la resistencia local en contra del imperio de los Tucur, que resulta un gesto, un amague.
En términos del período pre-colombino que abarca, el enfoque folklorizante y el final que propone, “Llegaron del mar” guarda semejanza con la controversial película “Apocalypto” de Mel Gibson, guardando la distancia que al menos la película intentó reproducir el idioma de los pueblos indígenas representados ahí con mayor fidelidad que la distorsión a los que los somete el abordaje de Monteforte (a ratos solemne y rebuscado, a ratos reduccionista al estilo “Yo, Tarzán; tú, Jane).
“¿Cuál casa? Ya no tienes casa. Tus hermanos murieron; todos tus hermanos murieron en la guerra. Me los sé de memoria: Jaguar de Montaña, el altanero, el metido a cosas de grande, el maldito buscador de heroísmos; Flecha de Cumbre, el mediocre, el amargo, el que tenía negro el corazón de envidia, el que hacía daño para alimentar su odio; los Cerbataneros, los gemelos idiotizados por la risa y el canto, los que humillaban a los tristes por su alegría, los que nos mintieron con sus historias. Tu padre abandonó la ciudad y se fue a vagar por los montes en busca de víctimas para la guerra, de ilusos que creyeran en la revancha y la resurrección del reino…” (p. 141)
“Llegaron del mar” es acaso la novela menos afortunada de Monteforte.
Monteforte Toledo, Mario. Llegaron del mar. Guatemala: Editorial Piedra Santa, 1993. 174 p.









Un Comentario
Con permiso. Si uno lee el prologo dice claramente que no se propone un relato indigenista. Sino que se permite jugar como elementos indigenas.
No me parece pertinente algunos comentarios como el de noviembre. Es una justificación muy por ensima.