Una cabaña en Atitlán – C8 December 8
Entró al mercado de San Pedro La Laguna con una sensación de infancia: la tibieza de la mano de su padre en la suya. En los tramos, se desplegaban las frutas y verduras de temporada en canastos, los granos básicos en costales y las flores en tinajas de barro o cubetas de plástico.
Habían puestos de veladoras y estampas, música, ropa, maletines y zapatos. En el tramo de los comedores, varias muchachas se le aproximaron para ofrecerle: “pollo empanizado, tostadas, dobladas, salpicón, carnita asada, rellenitos, pase adelante joven, qué va a llevar…”
Se sentó en una banca de madera, las ollas recubiertas, frente al polletón de cemento. Se distrajo observando la similitud entre la joven que le recitaba el menú con entusiasmo, de pie, a su lado, vestida con un pantalón de mezclilla, una blusa blanca, un delantal y la anciana indígena, apacible, sentada, detrás de las ollas, luciendo un huipil tradicional, un tanto descolorido por el uso, bajo la gabacha. Las diferencias en el vestuario casual de la joven y tradicional de la anciana, expresaban un dilema cultural y una profunda distancia generacional.
Pidió huevos revueltos y plátanos fritos y se puso a tomar el atole de elote que le sirvieron de inmediato. Le agradaron las tortillas morenas, de maíz negro, para acompañar sus alimentos. Le recordaban las visitas al altiplano durante su infancia cuando comía paches, tamales, tamales de chipilín, de cambray, tamalitos y pishtones. Observó a la joven de piel morena y sonrisa agradable, quien se doblaba, a un costado de los canastos, para escribir en un cuaderno.
― Disculpa, ¿te puedo preguntar qué estás haciendo?
La joven, con timidez, dijo:
― Nada, pues. Sólo son mis tareas.
― ¿Qué estás estudiando?
― Pues el tercero básico, ahí en el instituto.
― Y, ¿cómo te va?
― A veces bien, a veces mal. Regular.
― Después, ¿qué te llama la atención estudiar? ¿Bachillerato, secretariado, perito?
― Nada. Con esto ya estuvo.
Siguió escribiendo en el cuaderno.
― Pero se nota que eres una joven inteligente. ¿No crees que puedes terminar una carrera en el diversificado? ¿Tal vez el secretariado o para maestra?
Levantó la vista. Sus ojos grandes y redondos, labios gruesos, incluso la expresión de fastidio le parecieron simpáticas a Marco. Se notaba que era una adolescente inquieta.
Marco se dirigió a la anciana:
― Señora, ¿usted qué piensa? ¿Debe o no seguir estudiando la joven?
La anciana se sonrió levemente, mostrando la ausencia de los dientes frontales. Sacudió una de sus manos, con lentitud y parsimonia.
― Pues yo le digo que de estudios no sé yo. Que haga lo que ella quiera, con tal de que me ayude aquí en el puesto.
La señora sacudió con un trapo, mecánicamente, el mostrador que estaba limpio, realineó los vasos de vidrio, reacomodó los trastos.
― Es que ya no es lo mismo de antes. Yo ya estoy grande. Necesito ayuda. Antes me levantaba a las cuatro de la mañana y preparaba todo yo solita, pero ahora me canso, siento un como vahído y tengo que sentarme un mi poquito.
“A veces siento una tristeza inmensa aquí en el pecho cuando pienso en la mamacita de esta niña, de mi hija, de cómo se fue un día para los Estados Unidos y ya no la he vuelto a ver y cómo esta niña, que mi hija me dejó de brazos, sueña con irse allá donde está su mamá. No sé si sería bueno que estudiara esta niña. Yo no estudié, nunca tuve esos deseos de estudiar, de llenarme la cabeza con un montón de cosas y el corazón de ilusiones”.
“La mamá de esta muchachita hizo todo su básico aquí y hasta se fue para Quetzaltenango para seguir estudiando una su carrera, pero sólo encontró un hombre que la dejó después de hacerle a la criatura. Por eso le digo que yo no sé de esas cosas, pero que ella es inteligente y sabrá escoger lo que es bueno para ella. Mientras tanto, yo sí preciso de ella aquí conmigo. Es que ya estoy grande y a veces hasta se me nubla la vista, siento que ya no puedo más, que el corazón ya no me va a dar para más”.
Se puso la mano derecha, pequeña y huesuda, sobre el pecho y levantó la vista. La joven seguía escribiendo. A Marco le dieron ganas de llorar, pero se limitó a pagar. Agradeció y dejó el vuelto como propina, como extra, qué más daba ya.
Fotografía: Rudy A. Girón/antiguadailyphoto.com


Manolo Dec 10
Pues (o debo de decir pos) que buena escena retratas aca. Me parece curioso tu uso de “mezclilla” y “atole”, que son mas Mexicanos que Guatemaltecos… o es que el imperialismo mexicano esta permeando en la matria nuestra de estos dias?
lester Oliveros Dec 17
Es un ejercicio practico Manolo, hay que gente que habla como mexicana en plena plaza central, y es que si, esta permeada la tv, el cine, y las radios con programas mexicanos, quien no se crio con el Chavo del 8 o con Cantinflas, que madre no oyo a Antonio y Pepe Aguilar, que joven pintor no ha admirado a Diego y a Frida, quien se atreve a decir que nunca ha dicho andale wey, chale cabron estas chelas estan a toda madre, lo juro…jajaja
E. Cárdenas Dec 26
En cambio a mi me parece curioso el nacionalismo de tiempos de Ubico que persiste en Manolo y la explicación – antropológica – de Oliveros a la pregunta del primero.-
Ya en serio, Sr. Flores, como ya conozco un poco su obra, y como el otro día me aclaraba lo de los prejuicios, a mi lo que me llama la atención de este capitulo es lo siguiente:
- Es una narración del mercado de San Pedro la Laguna pero coloca una foto de un mercado de Antigua Guatemala. Buena difusión para Rudy Girón, pero es como si yo le llamara chinos a los japoneses, más bien como si en un post dedicado a Minessota colocara una foto de Manhatan.
- En este caso y en las descripciones de ventas callejeras de El Informante Nativo, usted hace una combinación de platillos que no sé si es a propósito, pero que alguien que frecuenta dichas ventas encuentra inconcistente. Me sé de memoria el menú, y en las ventas no se escucha “pollo empanizado”, igual con el uso de diminutivos en ese contexto (“carnita asada”). En EIN me llamó la atención que usted en una venta de atol y tostadas también colocaba jugo de naranja. Etc. Al hablar de la comida del altiplano, enumera solo variedades de “tamalitos” y pishtones que se encuentran en distintas regiones, casi como que yo diga que en una fonda de Sicilia hay pizzas y canelones y spagetti y lasagna. No creo que eso tenga mucha trascendencia para la obra, pero sucede lo mismo cuando hace descripciones de personas y de la cultura indigena. De entrada a mi me da la impresión de que usted no tiene un contacto personal con lo que narra, y creo que en el contexto historico que estamos sus obras suenan folkloristas, paternalistas, etc. y aunque a usted no le gusta hablar de su obra (me lo dijo la otra vez) me intriga porqué ese obstinato con ésta temática.
En EIN leí cosas groseras, como que a un indigena guatemalteco de origen maya se le despertara el “instinto” y con un pedernal quisiera asesinar por la espalda al director del instituto que de alguna manera lo había apoyado en su carrera, o que la hermana del mismo protagonista, por ser indigena y siendo prostituta, conociera todos los secretos amatorios ancestrales y que el hermano, por posiblemente descender de un gran guerrero sería un destacado traficante, policía o soldado.
Esto para el ladino urbano común y corriente es invisible, prueba de ello es que el Sr. Manolo se fijó en lo del apocope de atol (y se lee ofendido), pero jamás en lo que yo estoy mencionando. En los periodicos y blogs de periodistas guatemaltecos es normal encontrar elementos racistas y folkloristas, etnocidas, muchos prejuicios y es algo muy grave en el caso de quienes tienen formación ideológica en la UFM (como Chachi o Luis Figueroa, etc.). Es evidente que la cultura maya y el arte maya están totalmente marginados de los medios tradicionales, no me sorprende entonces que este tipo de cosas que yo señalo pasen inadvertidas para la mayoría de comentaristas en estos medios ladino urbanos, pero creo que usted como artista comprometido sabrá darle una mejor forma a mis comentarios.
Un saludo y Feliz Navidad.
ronald Dec 26
Señor Cárdenas, gracias por sus agudos comentarios. Lamento que considerara groseras algunas situaciones o descripciones de EIN. Le agradezco el tiempo que le dedica a mi obra. Creo que usted es el primer lector que tengo que se toma el tiempo de leer mis novelas, comentarlas y comentar los comentarios, incluso en el dia de navidad. Comparto plenamente lo que señala al respecto de los elementos racistas, folkloristas y prejuicios en mucho de lo que producimos, con conciencia de hacerlo o a pesar de nuestras mejores intenciones. Ya quisiera reflejar siempre la realidad tal cual en todo lo que escribo. Por fortuna, nunca faltan personas críticas como usted para señalarnos cuán lejos están nuestros resultados de lo que nos proponemos. De nuevo, gracias. Saludos y felices fiestas para usted también.