Llegaron al muelle de Santiago Atitlán. Cuando Marco estuvo en tierra, un niño indígena le ofreció una visita a Maximón. Marco había escuchado de San Simón, un muñeco de madera que visten con un traje oscuro y un sombrero de ala negra o con la vestimenta indígena de la localidad y un sombrero de palma. Dicen que se trata de una deidad ancestral, un ídolo híbrido, una expresión del sincretismo religioso, pero su culto siempre le pareció una farsa.
Sin embargo, nunca lo había visto. Por curiosidad, se dejó guiar por el niño, quien vestía una camisa tradicional, desabotonada, sobre con una playera desteñida que decía “I Love NY”, un pantalón tradicional y un par de tenis Nike, tan gastados que dejaban ver los dedos de sus pies. Portaba un walkman colgado a la cintura con sus respectivos audífonos. Otros niños se acercaban a los turistas a ofrecerles paseos.
Lo condujo a donde esperaban una docena de turistas y les anunció, en inglés, que lo siguieran. El niño indígena guiaba a esas personas cuyos rostros estaban cubiertos de bloqueador solar, que hablaban idiomas extranjeros y usaban una cámara al cuello. Marco sonrió cuando se percató del cambio de grupo: de los indígenas en la lancha a los extranjeros en las calles de Santiago Atitlán. (more…)
Marco llegó a San Pedro a media mañana del viernes. Jessica era una chica encantadora, la invitó a la cabaña y ella le prometió visitarlo.
Estacionó cerca del parque y caminó por el pueblo. Siguió la pendiente de las calles, dejándose llevar hacia el lago. Aumentaban los cafés y hospedajes para turistas, todos con nombres pintorescos, bohemios o extranjeros. En el muelle, un muchacho anunció que la lancha para Santiago Atitlán estaba por salir. No conocía ese pobaldo. “Por qué no”, se preguntó y se encaramó en “Ninfa”, una frágil embarcación llena de indígenas.
Conversaban en su propio idioma. Marco entendía algunas palabras, pero no se sentía extraño. A bordo de la lancha, se creía miembro de su mismo grupo, como alguien que compartía sus circunstancias y suerte. Cruzaban las mismas agitadas aguas, el mismo viento golpeaba sus rostros, tenían el mismo destino. No sabía cómo ellos lo veían a él, pero le importaba poco. Lo conocían tanto como él a ellos. Nadie podía negar aquella sensación de fraternidad que experimentaba en silencio. Su rostro irradió tranquilidad y una reposada alegría. Acaso eso percibieron quienes lo rodeaban, porque le sonreían de vuelta. (more…)
Durante la sobremesa, su padre lo interrogó: qué buscaba, hacia dónde iba. Le preocupaba la decisión que tomó “a la ligera”. Deshacía el camino que transitaron los abuelos, quienes migraron del campo. Sus historias eran una suerte de épica doméstica, de quien llega “sin un centavo entre la bolsa” y, después de muchos sacrificios, amasaban una pequeña fortuna.
― No me explico cómo puedes estar renunciando a todo esto…
El reclamo de su padre trasladaba más consternación que regaño. Era un buen médico, un hombre honesto pero quien había sacrificado mucho y gozado poco, siempre atado a la clínica, al hospital, al sufrimiento ajeno. Su padre le pareció envejecido y confundido por la decisión que su hijo tomaba.
Marco le compartió su ilusión por vivir en contacto con la naturaleza. Se dio cuenta que no podría consolarlo con eso. Su padre había identificado que la felicidad radicaba en la estabilidad, la religión católica, el éxito profesional y la familia integrada. Pertenecía a otra época. Para calmarlo, le dijo: (more…)