Una cabaña en Atitlán – C17 January 1
Durante la sobremesa, su padre lo interrogó: qué buscaba, hacia dónde iba. Le preocupaba la decisión que tomó “a la ligera”. Deshacía el camino que transitaron los abuelos, quienes migraron del campo. Sus historias eran una suerte de épica doméstica, de quien llega “sin un centavo entre la bolsa” y, después de muchos sacrificios, amasaban una pequeña fortuna.
― No me explico cómo puedes estar renunciando a todo esto…
El reclamo de su padre trasladaba más consternación que regaño. Era un buen médico, un hombre honesto pero quien había sacrificado mucho y gozado poco, siempre atado a la clínica, al hospital, al sufrimiento ajeno. Su padre le pareció envejecido y confundido por la decisión que su hijo tomaba.
Marco le compartió su ilusión por vivir en contacto con la naturaleza. Se dio cuenta que no podría consolarlo con eso. Su padre había identificado que la felicidad radicaba en la estabilidad, la religión católica, el éxito profesional y la familia integrada. Pertenecía a otra época. Para calmarlo, le dijo:
― Es cuestión de unos meses, papá. No se preocupe tanto. Necesito un respiro. La vida es una maratón y yo la he vivido como una carrera de cien metros planos.
Aquellas palabras causaron el efecto deseado. Su padre, tras brindarle un cálido abrazo, dio por concluido el asunto.
― Que te vaya bien, mi’jo. No te olvides de visitarnos seguido. Me encantaría seguir platicando, pero tengo ir al hospital. Qué Dios te bendiga. Ahí nos vemos.
Quiso darle otro abrazo, demorado, afectuoso. Pero su padre siempre andaba preciso.
***
― Aló, Marco, qué bueno que al fin lo encuentro. Le habla Jessica, de PR.
― Jessica, qué gusto. Dígame, en qué puedo servirla.
― Gracias, Marco. Como sabrá, estamos por contratarles un circuito de panorámicas para una campaña nueva. No sé si tendría tiempo para repetir el patrullaje de la vez pasada. Como me dijo, prefiero ver los lugares que nos ofrecen. ¿Tiene tiempo, Marco? Ah, la… diga que sí.
― Tengo tiempo ahora mismo. ¿Paso por usted en unos quince minutos?
― Pues, no pensé que fuera hoy mismo, pero… ¿sabe qué? Como urge, lo espero en quince. Bye.
A Marco se le ocurrió la idea de los patrullajes la madrugada de un sábado mientras transitaba por las calles semi desiertas. El siguiente fin de semana salió temprano, con un mapa y una cámara. Captó las panorámicas en su entorno: frente a edificios, sobre otras construcciones, en relación a otras vallas. La exploración era importante. No se trataba del mensaje en la propuesta de la agencia, sino en su contexto. Se piensa que la valla, entre más grande, mejor. Pero tantos mensajes juntos causan confusión o rechazo, como sucedía en la Roosevelt, Los Próceres, Aguilar Batres, Calle Martí, en algunas curvas del Periférico, carretera a El Salvador, el Trébol.
Estudiaba las panorámicas en situ, deteniéndose donde el usuario la observaba. Documentaba el contexto de la valla y la reacción que provocaba en las personas. El cliente pautaba una panorámica para emitir un mensaje y no para que se diluyera su impacto, perdido de la estridencia citadina. Se realizaba en dos etapas: preparatoria, tomando fotos, registrando ubicación y cantidad; y venta, acompañando al cliente a las panorámicas ofrecidas. Marco realizaba la preparatoria cada dos semanas y la venta sólo con clientes especiales.
Jessica quería visitar dos puntos: Próceres y Roosevelt. Iniciaron en Próceres. Frente a Pradera, se bajaron del auto para observar la panorámica, a las personas en auto, a los peatones. Pocos miraban la valla en cuestión; si mucho, le dedicaban un segundo. Jessica regresó al auto un tanto molesta y habló por celular con Raúl, su jefe inmediato. Pronto estuvieron frente a la panorámica de la Roosevelt. Se detuvieron para observar la dinámica que generaba. Poca, en realidad. Lo increpó:
― No entiendo cómo pueden ofrecerme estas vallas que pasan completamente inadvertidas. ¿Qué les pasa? ¿Qué se creen? Es cierto que son una de las agencias más importantes del medio pero eso no les da el derecho de tratar a sus clientes de esta manera, ofreciéndoles las panorámicas menos efectivas del circuito.
― Jessica, si me permite explicarle…
― Sí. Entiendo que es prestigioso trabajar con ustedes, pero eso no significa que eso aumente mis ventas. Mejor cotizo con otra agencia. A ver, Marco, cuénteme, ¿qué les pasó ahora? ¿Cómo puede usted ofrecerme algo que no funciona?
Le explicó que desde el lunes ya no trabajaba para la agencia.
― Entonces, ¿por qué aceptó realizar esta visita conmigo?
― Porque quería compartir unos instantes con usted.
Cuando se inclinó para besarla, Jessica cerró los ojos y entreabrió los labios.


