Una cabaña en Atitlán – C20

volcan toliman Una cabaña en Atitlán   C20

Antes del amanecer, se dirigió a la playa entre la penumbra y la niebla. Lo reconfortaba el olor a tierra húmeda, el rumor del apacible oleaje del lago de Atitlán. Trotaba como un animal, venado o jaguar. Se prometió escalar los volcanes cercanos, el San Pedro y el Tolimán, tan pronto como pudiera. Amanecía. La luz del sol inundaba la cuenca de Atitlán.

Regresó  satisfecho y vigorizado. Pasó a la cabaña a tomar un poco de agua y a comer un pan con lechuga, tomate, queso y un poco de aceite de oliva. Trabajó la tierra, cuidó del huerto, cortó la grama y atendió el jardín. A medio día, se dio un baño en el lago. Le pareció que estaba completamente solo en el mundo. No se escuchaba el menor ruido ni divisaba lancha alguna en el lago. Se acostó desnudo sobre su ropa, hasta que quedó seco.

Después se vistió y se dirigió a la cabaña. Almorzó una ensalada de lechuga, tomate, aguacate y cebolla y una pechuga de pollo asado. Se recostó para leer la “Vida en el campo y el horticultor autosuficiente” de John Seymour, pero se quedó dormido…  
 

Lo despertó un bullicio creciente, como el de una plaga que avanza contaminándolo todo, compuesto por conversaciones y pasos sobre los tablones de madera del balcón. Su reloj marcaba las tres de la tarde. A lo mejor era Jessica, que adelantaba la visita que prometió para el domingo. Cuando se asomó al ventanal, descubrió a…no podía ser… ¡sus compañeros de trabajo! Habían dado con su refugio. Pero, ¡cómo! O, más bien, ¡quién! Abrió la puerta de vidrio mientras le gritaban: ¡Sorpresa! Fingiendo agrado, recibió los abrazos de Marilú, Lorena, Gabriela, Betty, Álvaro y Rodrigo.

― Enrique y sus amigos están por llegar. En una media hora vienen Ricardo y Lucrecia.
― Además, como en dos horas viene otra caravana, creo que cuatro carros más que no pudieron salir antes de Guate.
― ¡Tu fiesta de despedida va a estar super!
― ¡Ah la sí, Marco! ¡Qué buena onda!
― ¡Pero qué lindo celebrarla aquí mismo, en Ati!
― ¡O sea, guau, pues!

Las chicas se adueñaron de su habitación, en donde desempacaron. Se pusieron a inflar y colgar globos, tiras de papel crepé y serpentinas. Los hombres desparramaron las bolsas de papalinas, manías, las botellas de ron, whisky, tequila, los abundantes six-packs de cervezas y se acomodaron en la sala y en el balcón, hablando cada vez más recio. Un radio portátil emitía, a todo volumen, la música que ponían y quitaban según el capricho de cada cual. No se escucharon dos canciones del mismo artista seguidas pero, muy a su pesar, Marco creyó descubrir, impulsados por la entropía, regresaban a Maná.

Cuando llegó, Lucrecia ordenó que se suspendieran los trabajos de preparación para aprovechar lo que les quedaba de sol. Se pusieron las calzonetas, se untaron de bronceador y se dirigieron hacia la playa para broncearse. Álvaro, Rodrigo, Marco y varios más se posicionaron en el muelle de madera, abrieron unas cervezas y se pusieron a charlar.

A Marco le sorprendió la cantidad de personas que llegaron, más de cuarenta, no conocía a más de la mitad, amigas de amigos o amigos de amigas, atraídos por “una fiesta en Ati” (“yeah, salvemos al lago, yuuhhjuu”). La tarde estaba espléndida, el cielo de azul intenso, completamente despejado. El lago cambiaba de colores según caía la tarde: celeste, turquesa, azul. Las chicas se pusieron a bailar en el muelle, en la playa. El grupo de hombres bebiendo cerveza disminuyó. El improvisado baile se suspendió para contemplar el atardecer.

― ¡Ya te fijaste!
― ¡Ah la… qué lindo Ati!
― ¡Cero que ver con la ciudad, pues!
― ¡La naturaleza, muchá, qué bella! ¿Ya se dieron cuenta?
― Los volcanes son como los edificios de aquí…
― ¡O sea, guau, pues, guau!
― Como para tener una cámara y grabarlo todo (varios toman fotografías con las cámaras de sus teléfonos celulares).
― ¡No sé cómo decirlo pero… qué lindo Ati!
― ¡Como para venir más seguido, pues!
― ¡Salvemos el lago, muchis!
― ¡Lo mejor es que con Marco aquí ya tenemos a dónde venir a parrandear todos los fines de semana!

4 comments

  1. ivanmendoza Feb 24

    Arghhh! qué colera me daría si fuera Marco :@ jajaja

    Música, chelas, amigos, fiesta, todo suena tan bien, pero no sé por qué algunos seguimos prefiriendo estar en paz ¿será que ya tenemos suficiente ruido? ¿o los que trabajamos en la publicidad dejamos de creer en ella?

  2. ivanmendoza Feb 24

    Olvide mencionarlo, enhorabuena que regresaste con la historia, luego del 19 pensé que no iban a haber más.

  3. Ronald Feb 24

    Gracias por tus comentarios, Ivan!

  4. eduardo. Feb 25

    que mata-trip los compañeros de trabajo. ahuevante los parranderos light.

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