Una cabaña en Atitlán – C21 February 23
Mientras algunas parejas se quedaron en la playa en penumbra, la fiesta se reanudó en la cabaña. Las chicas entonaban a coro, como si tratara de un salmo religioso, una canción de Timbiriche. Se besaban entre ellas mientras se tomaban fotos. El alcohol comenzaba a hacer efecto. Marco se topó con Enrique en el balcón de madera, quien borracho, le hizo algunas observaciones sobre Atitlán que hubiera preferido no escuchar.
― Lo que hace falta es un plan de desarrollo turístico para convertir esta maravilla natural en otro Cancún. O sea, como Costa Rica, sólo que mejor, más organizado, menos pueblerino. Sí, traer un conglomerado de hoteles internacionales, un par de casinos y algunos centros nocturnos de prestigio, construir un aeropuerto cerca…
Enrique estaba inspirado.
― Aquí hace falta una visión aglutinadora, establecer un cluster. Aqui podría ser la nueva meca del turismo. Sí. Te felicito, Marco. Pensé que al comprar un terreno aquí estabas retrocediendo en el tiempo, pero en realidad has hecho una tremenda inversión, porque en un futuro cercano la plusvalía se disparará. Con razón unos amigos, que representan el consorcio Santa Fe, se interesaron por esta fiesta. Quiero que hables con ellos. Creo que te podrían hacer una oferta. Imagino que tienes pensado vender a una cadena hotelera o similar. Pues, ya lo ves, Santa Fe ya muestra interés. Haces bien, Marco, muy bien. En cuestión de semanas, puedes triplicar tu inversión…
Lo observó esperando que emitiera algún gesto que aclarara que estaba bromando. Pero nada. Lo decía en serio.
― Ni lo dudes, Enrique. Por supuesto. Yo no lo hubiera expresado mejor. Cancún, Las Vegas, sólo de pensarlo me pongo contento. ¿Sabes? Deberías decirle a tus amigos que me llamen y me hagan una propuesta que no pueda rechazar. Por cierto, ¿se te ofrece algo más de beber?
No quería ofender a Enrique. Sólo quería alejarse de él y todo lo que representaba su estrecha y torpe visión de mundo. Para qué enfrentarlo. Cuando llegó a la cocina, se acercó a Lucrecia y le pidió, como un favor personal, que le llevara más bebidas a Enrique y sus amigos. Mientras Lucrecia salía hacia el balcón, festiva y servicial, Marco recordó los rituales nocturnos que llevaban a cabo sus vecinos y se asomó para intentar divisarlos. Nada. Acaso esta noche no encenderían la fogata.
Las personas bailaban, bebían y conversaban. Algunas parejas se dirigían al tercer nivel, a la habitación para visitas, en busca de intimidad. Alzando una cerveza, Marco brindó por sí mismo y se puso a bailar con Marilú. Sonaba reggae, un reggae pop, acaso música del grupo Iguanamanga. Qué bien se sentía bailar. La noche ya no era virgen pero al menos aún era larga.



ivanmendoza Feb 24
Todo gira* de Ricardo Andrade y Los últimos adictos es una canción que Marco escucharía
*Siento dejarte solo la letra, esta música no esta online.
eduardo. Feb 25
publicistas malditos.